viernes, 28 de mayo de 2010

Contradicciones entre la teoría y la practica

¿Se podría alcanzar el "ascetismo de las mujeres"? ¿Debería ser una virtud poder abstenerse de la turbulencia de los sentimientos?

En otras palabras encontrar la paz. O mejor aun, encontrar respuesta a la pregunta por la paz ¿se puede tener paz en soledad? ¿Porque la soledad no puede dejar de tener esa connotación peyorativa, ese matiz de tristeza? ¿Porque la soledad tiene la imagen del vacio? ¿Porque no basta la compañía de uno mismo? ¿Porque el deseo es carencia?

Alcanzar una forma de soledad sin carencia.

¿Porque la compañía es satisfacción de deseo, de carencia? ¿Porque no elegir todo?

¡Quiero todo, todas las contradicciones positivas en mi pecho! La soledad sin vacio, el deseo saciable capaz de renovarse en todo momento, la felicidad superficial, la paz profunda, el amor eterno, el amor efímero, el amor sin sexo y el sexo sin amor. La libertad sin decisión. La contingencia sin azar. Una cuadra de la mano y una en soledad, y la otra abrazado en grupo. Orgias en la noche y amaneceres individuales. Besos tiernos, infinitamente tiernos acompañados de miradas llenas de amor; y besos ajenos, extraños y miradas desconocidas que no quieran nada que no entreguen nada.

Todo el conocimiento sin el poder y la responsabilidad. Toda la transformación, toda la superación, toda la utopía del mundo sin la necesidad de destruirlo previamente.

¿Se podría alcanzar el ascetismo por pura “colmación”, por constante consumación de todo?


jueves, 15 de abril de 2010

Retrato de _________ por Salvador Dali


Lo primero: la fragmentación. Múltiples partículas que la componen pero no la agotan. Cada una completa en su forma color y tamaño para formar uno de sus tantos rostros posibles. En la comisura de los labios se superponen infinitamente una sobre otra las formas: un sólo beso partido en mil partes, en mil bocas.
En las esferas de los rulos es donde mas se expresa la sospecha, la ambigüedad, el secreto. Algunas líneas sugieren libertad, en otras esferas todo esta cubierto de color oscuro, de rayas: sus rayes. Contradicción o convivencia de los aspectos de su mente, capacidad artística y opacidad personal; fugacidad e intensidad.
En el torso cada partícula esta en distorsión, en movimiento y marcando su estela. Es que en el pecho ella lleva marcas, el paso de sus emociones, sus dolores, sus decepciones e incomprensiones, sus arrebatos de amor, de locura, de suicidio; el paso de cada persona, de un lugar, una letra, una imagen, o una imagen con sonido.
En el entorno, una esfera a cada lado en perfecta combinación del sol y luna, o que bien podría ser cualquier Astro, pero un astro al fin. Es la coronación de la primera unión con el universo, es parte de ella pero a su vez separada. Es y no es, esa es la dialéctica de toda la pintura, de todo su ser.
Cada partícula es ella y es además ella en sus mil rostros, y en sus tonos oscuros y claros, la armonía separada y junta con todo lo que la rodea, universo y naturaleza.
Al final, unas partículas, unas esferas descascaradas, partidas, erróneas...acaso un defecto.

viernes, 2 de abril de 2010

Never Again

Love is a momentary fiction , can last a day like a year and have exactly the same intensity. You can "fall in love for life" of a woman that you meet tonight and you know tomorrow you are going to forget than the love with which until 5 years ago and believe it is for a lifetime. Why? For all, because humans are too imperfect, vanal, ephemeral, changeable until infinity, unable to be transparent and above all ... mortal. This does not mean there are not to fall in love, you can do but only having consciousness every second that all is a fiction and that tomorrow will end, and it never existed.
There is no illusion, contradiction bigger, something more alien to the man that "Love", with capital letters. Learning to live with it every day, is the only way to love freely: loving one moment and nothing more than one, and never promise more than that time, the duration of the kiss, the embrace that caress and nothing more.
The man of this century is on its way to that, started badly, began by debauchery, but between mediocrity and the illusion of "love for life," is a step forward, now needed to convert the temporary sex, in temporary love ... for that momentary still have a long way to the men around the world. Those in our country even more.

I'll never give my heart, my soul, my whole body rather than in the transience of the moment in which it is impossible to appropriate it, want to hold for more than the duration of a kiss.

jueves, 25 de marzo de 2010

Un lugar cualquiera

I- La noche-mañana.

Entre las ocho y las doce de la mañana es de noche y si no fuera por el peso de los libros en el bolso no podría distinguir si voy a un bar o a la universidad. El humor de la mañana es incierto hasta el saludo de Paco que tiene un efecto de alegría inmenso en mí. El resto del trayecto continúa con esa emoción. El 14 no tarda nunca, y cuando tarda el 32 lo reemplaza con la misma fidelidad que una página sigue a la otra. Hasta tomar el tren hay dos golpes concretos y cortos de frio. El primero al salir del edificio, este no es el mas terrible, todavía se conserva el calor del café y el saludo de Paco esta en su punto mas álgido de transmisión de alegría. El segundo son los dos o tres metros que separan la parada del bus del Metro estación: Atocha Renfe. Las quince cuadras en el colectivo ya lograron que un poco del frio helado de Europa se meta por el sobretodo y empiece a despabilarte. En el colectivo se ven tan sólo unas caras jóvenes y el resto, sexagenarios abrigados a la perfección con destinos imposibles de adivinar. La mayoría lee. Son a penas tres pasos desde el mismísimo escalón del bus hasta la escalera del Metro, pero el frio que empuja para adentro y las personas atolondradas, como animales recién sueltos, por salir a la calle que empujan para afuera, generan un choque, justamente, helado. Una vez adentro del túnel del Metro, el segundo golpe de frio y la oscuridad mayor o la artificialidad de luz, vuelven a dar fuerza a la idea de todavía es de noche, muy de noche. En ese entorno el saludo diario del hombre que toca la flauta sentado en el piso contra la pared del pasillo es fundamental para no perder el sentido de la orientación. Cada día me convenzo mas de que soy el único que responde a su “Buenos días”, aunque por el frio y ser las primeras palabras del día, dudo que escuche mis “buenos días” entre dientes y casi dicho para adentro. Al final del pasillo de unos 100 metros adornado con tiendas varias, tanto de electrónica como de ropa, se dobla a la izquierda y de ahí, dos escaleras mecánicas hasta llegar a la plataforma. Ya desde la primera se pueden ver los avisos: Vía 5 “Alcobendas S.S. de los Reyes”, o Vía 6 “Colmenar V.” (que como resultara obvio para los locales significa “colmenar viejo” y no “colmenar quinto”). Si las letras están en naranja se puede bajar al ritmo de la escalera, si las letras en cambio van en rojo hay que correr. Cosa que rara vez hago, ya que si no es en la vía 5 o en la 6, se que mas de cinco minutos no voy a esperar otro tren que en su destino incluya parada en Canto blanco, precedida por Fuencarral, Chamartín, Nuevos Ministerios, Sol y Atocha, donde yo subo. En el tren se puede leer ADN, ACB, 20M, o cualquier otro de los periódicos gratuitos que abundan en los asientos. A parte de leerlo, los más desinteresados del resto de las miradas lo usan para evitar el frio del asiento, es decir, se sientan en el. Yo prefiero esperar hasta el ejemplar gratuito de “El País” que me espera en el pasillo de la universidad, y que a mucho placer voy a leer entre café y café en el bar, o en el pasillo, en una escalera o en la biblioteca, y a veces en todos los lugares puesto que muchas veces hay más de un café. Los miércoles, por ejemplo, uno entre las 10 y las 10.30, otro entre las 14 y las 15, y uno más a las 17.35.

Pero volviendo al tren, como decía, mi lectura en el tren de la mañana la ocupa novelas, la mayor parte de las veces, y las menos, algún libro de filosofía. La última novela le corresponde a Bolaño, y se le suma un libro que nunca termino de comenzar de leer de cuentos cortos de Juan Benet; los de filosofía varían entre las Meditaciones Cartesianas de Husserl, o La seducción de la cultura alemana de Lepenies, también podría ser El miedo a los barbaros de Todorov o en las antípodas del género España Invertebrada de Gasset.

Los muchos metros de profundidad de la estación Atocha y los muchos túneles por los que corre el tren es lo que más contribuye al efecto de “nocturnes” de todas mis mañanas. Las caras de las personas entre ojerosas y despabiladas bien podría significar el comienzo de la noche como el comienzo de la mañana. En mi casa particular no significan nada, ya que me acompañan tanto de noche como de día, según la fortuna con la que decida aparecer el sueño a la hora que aparezca. Ahí voy yo entonces con ojeras de trasnochado o de amanecido, sumergiéndome en el libro hasta olvidarme del ruido y las personas y la oscuridad, hasta el punto de mezclar la realidad del tren y de la mañana-noche con la del libro, con lo cual mi tren bien puede salir de Madrid, pasar por la estación St. Paul o por Juramento, para finalizar el recorrido en Hyde Park. Todo esto sucede con una realidad tal que si en la pagina 211 se describe una mañana soleada y calurosa, bien puedo empezar a tener calor y aflojarme la bufanda. Por el contrario si en la pagina 142 Manuel Espinoza camina por las calles de Barcelona en una noche invernal, siento como se redobla y ahínca con mas profundidad el frio matutino de Madrid en mi garganta. Pero todo la seudo-irrealidad novelística que ficciona mi hiperrealidad tiene un final. Entre las estaciones Atocha, Sol y Nuevos Ministerios, no hay mayor distancia que unos 2 o 3 minutos, todo bajo subterráneo oscuro oscurísimo, pero entre Nuevos Ministerios y Chamartín sucede algo maravilloso: entre el desconcierto de la rutina novedosa, de las luces y los ruidos extraños, de las palabras desconocidas y los acentos inciertos, del movimiento sigiloso del tren por las vías, de los paisajes en proceso de familiarización, entre los 30 segundos que me detengo a acomodar el sobretodo de manera tal que no toque el piso pero que tampoco moleste sobre las piernas, entre las 12 paginas que llevo leídas desde que comenzó ese viaje diario, la sensación es una sola en constante profundización. El asiento del vagón se asemeja cada vez mas a un banco de plaza, o a una silla de café, y el aire se asemeja mas al de cualquier calle y cualquier parque en cualquier parte de México, y cuando uno acaba por hundirse en esa sensación de desvanecimiento del entorno, como si quedara sólo el libro y la conciencia del trayecto a la facultad leyendo el libro, se produce la fractura. Se termina el túnel y entra una luz enceguecedora imposible de describir en imágenes, baste con decir que se puede escuchar el ruido de los ojos que hacen fuerza tratando de cerrarse a la luz. El enceguecimiento viene acompañado unos segundos antes por un incremento de la velocidad del tren que empieza el trayecto hacia las afueras de la ciudad. Por tanto la sensación es doble, por un lado en el cuerpo y por el otro en la percepción del entorno. En ese momento que dura tan solo una fracción de segundo, la noche-mañana se destruye por completo, y en su lugar aparece un no-lugar. Un campo verde y amarillo extensísimo en el medio, a un lado, una ciudad modernosa y edificante llena de luces, al otro, una montaña impasible, nevada y soleada; en ese segundo anterior a que el sol llene el vagón e ilumine a la gente y los diarios y los portafolios, y las caras de existencia laboral ajetreada y de preocupación familiar y de responsabilidad estudiantil y de etc., en ese según uno siente que puede estar en cualquier parte del mundo, la próxima estación, realmente puede ser Frankfurt.

Las mañanas son una fantasía. Un andar noctambulo, de la consistencia de un sueño, leve, poco densa, que se esfuma al agitar la mano y un despertar brusco, fuera del tiempo y el espacio que te revive y sitúa en una ciudad del mundo completamente nueva todos los días. El hiper-sueño y la hiper-realidad, tienen lugar, ni más ni menos, que entre Nuevos Ministerios y Chamartín, a la salida del túnel.

lunes, 22 de marzo de 2010

Con o sin tu permiso

Nunca te lo voy a decir
y jamas lo vas a saber.
Seria incapaz de mirarte a los ojos
y revelartelo. Ni en sueños me permitiría volver a besarte.
Y aunque explote por dentro y
me reviente el alma y el corazón y
cada puta partícula capaz de sentir en mi cuerpo
no me permitiría decirte que
hoy (tal vez mañana también) voy amarte toda la vida.

martes, 16 de marzo de 2010

Postales II

¿Cómo es ver un atardecer en el punto más alto de la ciudad más hermosa en la que estuviste hoy? Es naranja en el cielo, es violeta reflejado en los azulejos de más de cien cúpulas. Es transparente y a la vez multicolor en los vitros de las muchas ventanas del Mercado más antiguo de Europa.

Es demoledor en el sonido de una campana gigante a las espaldas y al frente, y a los costados como si se estuvieras adentro, cuando justamente lo estas.
Es de olor a barro, a polvo desprendido de casas y murallas que resisten el paso de los siglos sólo para producir un placer inhóspito en nosotros. Es un olor que se esparce por toda la ciudad levitando sobre la superficie, porque abajo a la sazón del contraste huele a paellas tipicas de pollo y conejo o de verduras.
Huele espíritu santo pero de tez morena, marroquí, árabe. Olor a metal corroído de artes olvidadas, olor a numismática y a saliva de filatelia.

Por ultimo se siente helado, viento portuario del mediterráneo, frio mortal en los dedos que sostienen el lápiz. Y adentro un calor abrumador que bien puede ser por el último rayo de sol que ya se puso o el calor de una invitación única por su generosidad anónima y gratuita que te espera con comida calienten… o tal vez un “joder” que se escucha a lo lejos y te dibuja una mueca de sonrisa. Calor del tributo humilde de palabras a un paisaje cálido hasta el infinito de una ciudad que te devuelve la misma sensación con que vos la miras.














Desde acá
escribía,
desde atrás
del Sol sentía.

viernes, 5 de marzo de 2010

Arrojado al Mundo

Cerca del 17 de diciembre ella se lo juro por primera vez y él le creyó como nunca antes le había creído a alguien, ni pensó que le creería. Lejos de una frase trillada, su afirmación tenía un absoluto y perfecto sistema de verdades que la sustentaba. Una concepción de la felicidad, de la mujer, de la pasión, de la necesidad y el sexo, del erotismo y del amor. Toda una forma de ver el mundo, de sentir la realidad, de comprender al ser humano, que maravillosamente se ensamblaba con la suya. Así como para él, la ética era condición de la estética (jamás al revés) esa metafísica era imprescindible, era condición de posibilidad del Amor tal como el lo había figurado en sueños.
Más de un año después, a miles de kilómetros de ese pasado incierto, traba de mirar a María a los ojos. Pero una y otra vez desviaba la mirada y se atragantaba con las palabras.
Después de días de hacer el mismo recorrido por el parque, tomados de la mano, se despedía con un beso tímido, mas bien temeroso, prometía llamarla pronto y se marchaba, maldiciéndose todo el camino de vuelta.
Un viernes, la vida le escupió a la cara, seco y violento. Mientras volvía de un día colmado de pasiones encontradas, de emociones fuerte e ideas convincentes, mientras veía llover por la ventana (porque efectivamente llovía) lo entendió. Él nunca se había dejado engañar por una justificación sentimental sobre la fidelidad, “yo te amo, jamás podría engañarte”, él sabia a la perfección que el amor y la fidelidad no tienen nada que ver. Pero que lo engañaran con una justificación racional era una tortura que no podía soportar. Creer que por su forma de entender y sentir el mundo, de pensarse y valorarse como mujer cumpliría aquella afirmación, había sido el acto de ingenuidad más atroz de todos. "Jamás te engañaría, el día que necesite algo de otro hombre, el día que vos no me puedas hacer mas feliz… ese día, te voy a dejar", una y otra vez se repetía esa frase, que había sido para él, la fuente de la mayor seguridad, la corroboración de que su amor, el amor de ellos, no naufragaba por las aguas turbias y cambiantes de la pasión y el deseo. Su amor, que era puro deseo y pasión, estaba a resguardo de lo efímero, de lo cambiante, de la tentación de otro cuerpo, sólo porque el amor de ellos era de otro mundo: el de los pensamientos sentidos, el de los actos justificados, el de las razones, y sobre ellos, se erigía el amor, la comprensión, las caricias, la libertad.
Por eso no se podía perdonar el error de haberle creído; no por el error en si mismo, sino porque a través de el caía en la cuenta de su mayor error, su mas grande y trascendental error, uno sobre todo lo que el creía saber y pensar del mundo: creer que como no se puede confiar en los sentimientos, si se podía en aquellas emociones que tuvieses un trasfondo, una justificación racional.

Destruida esa creencia se encontraba nuevamente, o por primera vez arrojado a otro mundo, uno donde amar dolería, donde amar seria incertidumbre y no seguridad, donde controlar los sentimientos, como siempre había hecho, seria sencillamente imposible.

lunes, 1 de marzo de 2010

Humanizar

Banalizar toda emoción.
Nunca más esperar
Jamás volver a extrañar.
Insultar el amor.

Colmarse de paisajes
ausentes de personas.
Deshumanizar la naturaleza
hasta hartarse de la belleza
de toda hoja y lago y flor.

No ser una letra ni una palabra.
No un signo, un ruido, una imagen.
Ni siquiera una proyección semántica.

Destruir la ilusión de la
cuarta reencarnación Budista
Llevar la sospecha hasta
contra la ausencia.

Revelarse contra la intuición
del Tiempo y el Espacio.
Asediar el contenido y la forma.

Devolver la realidad de
polvo gris que siempre
le correspondió a la Luna.
Ni un destello más de luz.

Igualar el cuerpo y la sombra
en su irrealidad. Y enterrarlos
junto a la ficción del "alma".

Matar al Oráculo y a Prometeo.
Revelar el disfraz de la Muerte.
Desenterrar los huesos de Dios.

Degradar lo autentico.
Depravar lo esencial.
Disolver lo único en lo común.
Envilecer lo verdadero.

Ajusticiar al humano
hasta que se digne a
a reconocerse.

sábado, 27 de febrero de 2010

Palabras en el Padro

Rubens, “Ganimedes”

Para mi ese rapto, no significa otra cosa, mas que el destino del amor derrotado por la naturaleza.

Claudio de Lorena “Santa María de Cervello”

No sólo en la Iglesia
los lugares de adoración están sumidos en la oscuridad.


José de Ribera “San Sebastián” 1636

Abajo "El San Sebastián mártir", la imagen de la ruptura existencial de uno de los personajes de Mishima (o de él mismo).

Arriba "San Sebastián" de Ribera., para mi, la imagen que conecto el viaje literal mas profundo, el de Kiyoaki, a la viva y real impresión de la carne atravesada, de la imagen en su máxima realidad. La conjunción entre las artes.
"La carne humana interpretada en clave religiosa"
.

Hans Baldung Grien (alemán) en el retrato de “Las edades y la muerte”, la juventud y la vejez tienen la misma expresión, como si el tiempo no alterara los ánimos, las sensaciones; parece que el devenir del tiempo esta atado sólo a la corrupción del cuerpo.

Manuel Rodríguez “La muerte de Seneca”

El brazo cuelga fuera de la pintura.

A. Muños Degrai “Recuerdos de granada”

El detalle del farol perdido en toda la inmensidad

de la ciudad, basta para comprender el

sentimiento de melancolía que evocan

las nubes, las calles mojadas,

la soledad y la ciudad desierta.

A. Muños Degrain “Los amantes de Teruel”

Uno quiere acercarse a juntar las flores y ponerlas en su lugar, tal es la impresión de relieve.



martes, 23 de febrero de 2010

Viajar

¿Qué es extrañar?, ¿Qué es aprovechar la vida?, ¿Qué es la experiencia?, ¿Cómo se construye la personalidad, mas aún, como se la transforma?, ¿Cómo se distingue la necesidad de una cara conocida de extrañar?, ¿Quién es un amigo?
¿Se puede medir el tiempo en utilidad? ¿Se debe? ¿Qué es mirar, qué es ver, es lo mismo que conocer? ¿Qué es una construcción sin las personas que la hicieron? ¿Cómo saber que representa? ¿Se puede sentir a través de los milenios? ¿Qué se busca cuando se intenta conmover por el sólo hecho de conmover?... ¿Qué es aprender?

Para responder hago el complejo esfuerzo de disociar. Disociar extrañar de amar-compartir, amistad de compartir-amar, vivir de viajar, cambiar de transformar, el tiempo de caminar, mirar de recordar de fotografiar, conocer de comprender, sentir de impresionarse.

Mi cuerpo-mente no vive a través de la filosofía, ya es ella. Es inevitable. Por eso no puedo querer conquistar la experiencia-objeto, la ciudad-objeto, la costumbre-objeto. No puedo querer gobernar y comprender ni las sensaciones ni los sentimientos, no tiene sentido; y tal vez esa sea la mayor consecuencia de la distancia: la pérdida de sentido. Qué sentido tiene preguntarse por la continuidad de un amor. Qué sentido tiene querer tener un amigo al lado en un momento especial. Qué sentido tiene una comida casera. Ninguno.

Arrancarse de un suelo e irse a vivir a un océano de distancia, tiene una sola consecuencia a través de la cual se vive el resto. El encuentro con uno mismo. Ese encuentro es harto difícil. Para el hay que desnudarse por completo, desprenderse de todo, lo cual es imposible, pero necesario intentarlo. Salirse de la lógica-turista, de la lógica-nativa y de la lógica-ajena. Ni mimetizarse con el lugar, ni mirarlo desde la exterioridad absoluta. Encontrar ese intermedio es el encuentro con uno mismo. ¿Por qué sentirse mas conmovido por el Museo del Prado que por el “Abrígate muchacho. Hasta logo” del portero Paco? ¿Por qué lo que perdura es más valioso que lo efímero?¿Por qué estudiar acá no tiene sentido y allá si? ¿Por qué acá ver un parque es maravilloso y allá no?
Caminar una montaña nevada es maravilloso. Pero qué lo hace maravilloso, lo nuevo del paisaje, los colores, el silencio… o poder darse cuenta que en ese desierto de montañas blancas una pareja construye una cotidianeidad, una vida, un matrimonio y una familia sólo de la conversación, de la compañía, del alejamiento. ¿Cuál es la maravilla que a uno debería sorprenderlo, conmoverlo?

Hasta hoy, lo que más me ha sorprendido, es la vida que se tiene que llevar para llegar hasta acá. Ahí esta la experiencia, la vida, lo maravilloso. Viajar, no te la oportunidad de empezar de cero, de convertirse en otra persona (en un sentido radical), mas bien te la oportunidad de poner a prueba todo lo que uno es, lo que fue, lo que hizo y como lo hizo.
Estar sentado en el balcón, escribiendo, pensando, sintiendo la aventura de escribirme, pensarme y sentirme, eso es viajar. Es corroborar como el cuerpo se amolda a los golpes, a las incertidumbres, a las elecciones que implica abrirse, desnudarse a cualquier experiencia.
Decidir estudiar filosofía fue mi primer viaje trasatlántico, elegir decir “te amo” todos los días por un año fue mi primer viaje sideral, elegir decirte “amigo” fue mi primer viaje atemporal, intempestivo, eterno. Volver a elegir todo eso en otra parte cualquiera del mundo, ese viaje quiero hacer.

(Todas estas palabras están sujetas a refutación por quien las escribe)

Popul_art Jazz

Cinco son los hielos, que si bien parece mucho, no es demasiado para las dimensiones de la copa y la cantidad del liquido.
Uno, dos, tres, cuatro, son los compases que marca el trombonista para comenzar.
Cinco son los sexagenarios que ponen el toque neoyorkino a la noche. Cuadros en blanco y negro, bronce amarillento y corroído en instrumentos que decoran las paredes. Espejos y aberturas engañosas para que no sólo reboten los sonidos sino también las imágenes. Humo, olor a humo. Sombreros, bufandas y sobretodos en todos los rincones, respaldos, sillas y barras. Un mozo venezolano, un dueño español, un borracho despatriado, músicos cosmopolitas y una rusa, que obviamente se llama Natasha.

El camino es corto pero incierto. Confuso, en el mejor sentido. Llegar se llega seguro, pero entre calle y calle se puede encontrar tanto que tal vez tomaría un mes o más llegar. El “Barrio de los Poetas” no es una metáfora, es literal hasta el dorado de las letras grabadas en las veredas. Por ahí, va uno entre atolondrado y sigiloso caminando extraviado. Siempre extraviado, porque saber a donde ir es imposible. Entre dos adoquines se escurre el océano atlántico, de un lado flamenco y del otro (que es el mismo) jazz, y un paso más, y por dos chupitos y un giro a la izquierda te metiste en Cuba. Y de una puerta a la otra hay sólo dos metros y un sinfín de balcones y puertas perdidas, y bares escondidos y taperias y tabernas, y casas de té, donde no se sirve té, pero hay de todo para fumar.

El domingo se multiplica por el frio y la ausencia te hace dudar. Pero importa poca, seguir cualquiera de esas calles adoquinadas, laberínticas y místicas es un deleite en si mismo. Y en el fondo sabes que a la vuelta de alguna de esas esquinas esta. Cuando llegas, la sensación no cambia, el sentimiento de irrealidad sigue firme. Palmar los faroles, agarrar el metal frio y empujar la puerta, sentir el calor intenso que contrasta con el frio invernal del mediterráneo, no basta para quitar la duda. Unas miradas de reconocimiento, y a falta de lugar, me apoyo contra la barra en el lugar reservado para el mozo. La banda esta en receso, eso nos da el tiempo justo de desabrigarnos de ropa y abrigarnos de alcohol, el intercambio es fundamental para no enfermar. Para cuando están listos para continuar, cuatro de nosotros lograron ubicarse en una mesa al costado, a mi me toca el piso (lo elijo), y mientras el venezolano me trae una copa gigante de whisky, me dejo lentamente envolver por la música y las miradas pérfidas (sujetas a interpretación) de unos ojos celestes.

La música, sigue teniendo ese poder de teletransportar hacia adentro, de ensimismarlo a uno y ponerlo en contacto con “fibras íntimas”, con pensamientos enredados, con sensaciones y emociones difíciles, esas que hay que rumearlas rato largo para descifrarlas. A veces porque vienen con dejos amargos de ausencias, otra veces porque vienen con deseos postergados. En el otro extremo esas mismas fibras llevan a éxtasis de blancura mental donde sólo se escucha el golpeteo de las manos en las rodillas, y el ruido a ceniza consumirse. Perdido en esa blancura una imagen me arrastra súbitamente fuera del bar, y del barrio y del mediterráneo, porque comprendo con violencia que esa capacidad de teletransportar de la música, se vuelve doblemente fuerte cuando el cuerpo también es parte de ese viaje. En ese involuntario ejercicio de abstracción espacial, la música se vuelve secundaria, y se puede ver tu propio cuerpo, completamente dentro de si, y el alma completamente fuera de si, pero el espacio y el tiempo también, el viento de otro océano te mueve el pelo y otra luna te alumbra, y otra tierra te sostiene, y entonces las sensaciones se multiplican hasta el miedo. Porque antes la experiencia de perderse en la música tenía un suelo firme, un retorno seguro a las caricias de un cuerpo vecino, o de un abrazo familiar, en cambio ahora, ese perderse dentro de uno explota el estar perdido afuera y todo se vuelve más radical, más drástico. Y en ese preciso momento se produce la inversión total. Eso mismo que hacia perderte en otro espacio y otro mundo, en un estado total de enajenación y extrañamiento… te devuelve a casa. En ese bar perdido, literalmente perdido, tanto vos, como el bar, y la noche, y el cielo que te cubre, justo ahí en la extrañes total, dos notas te devuelven a tu pieza, a tu viejo escritorio, a tu equipo negro (a la piel con gusto a coco) a las noches interminables de whisky en la san jerónimo.



Irse

¿Cómo saber la diferencia entre esperar o buscar? ¿Cuántos desencuentros hacen faltan para encontrarse? ¿Cuántos amores debemos zacear antes de elegir uno para amanecer muertos? ¿Cuánta belleza contemplar nuestros ojos y cuantos mundos conquistar nuestros corazones? ¿Con cuantos cuerpos rozarnos? ¿Con cuantas bocas mezclarnos? ¿Cuántas veces dejar todo y volver a empezar? ¿Cuántas veces irse? ¿Cuántos puentes cruzar y derrumbar? ¿Cuantas ciudades destruir?

¿Conoce límites tu deseo?...

Yo viajo por la geografía de todo el Mundo a través de todos los ojos del mundo. Mi mirada rebota en el sol y cae en Singapur y en la costa del Adriático. Soy parte de todas las huellas de todos los pies. Vivo a través de todas las experiencias, de todos los ruidos. Abrazo todas las lenguas, me siento parte de un mismo suelo y cielo. Respiro tu bostezo desde otro hemisferio, sacudo la misma lluvia de mi cabeza. Es la distancia del cuerpo el reencuentro del alma.

Te vas. Te vas a gobernar tu destino, a dibujar tu suerte. Otra distancia más. Yo me fui, vos te vas, y sin embargo, cuanto más lejana debería sentirte, cuanto mas lejano debería sentirme he descubierto que estamos acá, mimetizados, esparcidos, en plexos y contrapuntos, en infusiones y vapores, en rayos de sol, en nubes condensadas, en música, en líneas difusas estrelladas contra un marco en grandes museos, en paisajes surrealistas recortados de la bruta realidad, reconocibles tan sólo en una partícula de pupila; acá estamos vos y yo junto a todos los seres humanos, inasibles, indistinguibles. Dos atalayas que se van a fundirse en el flujo del universo.

(Que sonrías mucho, mientras levitas en ese flujo)

lunes, 25 de enero de 2010

¿Y vos, de donde saliste?
De una Flor del Aire
que trajo un Condor
que bajo del Ambato.

lunes, 18 de enero de 2010

La Naturaleza -de- -y- Ella

Llueve a cantaros afuera
a granel como a mi me gusta decir.
Hace dias que la naturaleza tiene tu
ruido y tus imagenes.

No es el recuerdo de tu persona
es tu persona esparcida en particulas
como una constante que viaja de un
pasto a otro, casual, movil, eterna, evanescente.

Un rulo naranja, tuyo, en un fogon
un acorde en una guitarra que no
pierde el sonido nunca por el eco.
Un aroma a marihuana escondido.

Una sombra para pensar
una piedra para escribir
un campo para dormir
una flor para extrañar

En el contorno del sol el limite de
tu creatividad, asciende,
gana en luz y descubre todo a la vista,
se esconde y se transforma en luz nocturna
hermosa que atisba un secreto, un destello.

Tal vez, si lo sea, tal vez
es tu recuerdo, el de tu persona
en la plenitud de tu ser, transmitido
a todos los espacios, a traves de mis ojos.

jueves, 7 de enero de 2010

Poema

Ruido a árbol alto que no quiere soltar más hojas

Ruido de una nariz que transita entre el invierno y el verano.

Ruido de ultimo sorbido de mate y de unos resortes metálicos

Que hacen asomar una y otra vez la punta de una lapicera.

Ruido de patio cerca de una avenida.

Ruido a mano que raspa la tierra de la tapa de un libro.

Ruido a tierra en todo, porque en Catamarca la tierra

Y el polvo tienen sonidos.

Mucho ruido a tos, cortado en seco por

El ruido violento de una mano que

Golpea en la espalda ahuyentando a un mosquito.

Ruido a la compañía silenciosa de una tarde en la montaña.

Ruido a bosa nova. Ruido a alpargatas y a hormigas.

Ruido a uñas que rascan la piel mezclado con

Ruido a encendedor para avivar el ruido a tos.

Ruido a cenizas que caen al pasto.

Ruido de lengua en la boca que acomoda la coca.

Ruido imperceptible de quietud espiritual.

Sigiloso ruido de gato que trepa.

Ruido a mimesis del hombre y la naturaleza.

domingo, 3 de enero de 2010

Reflexiones IV

Formas no violentas de reconocimiento.
Desde el menosprecio al amor.

Hace más de 20 años, Michel Foucault aventuro la siguiente hipótesis: Las guerras del futuro serán luchas por la identidad. Ya finalizando la primera década del Siglo XXI, esa hipótesis es una realidad inevitable. Pero esa realidad no se limita a la de los países de “medio oriente” como se cree comúnmente, o a la imposición estadounidense de una forma particular, tanto de vida como de gobierno, con unos valores y principios particulares; también se hace extensiva a la profunda división en Bolivia entre sectores de la sociedad prácticamente en guerra, como a las favelas brasileñas y a las villas argentinas. En este breve y recortado repaso se puede apreciar que esas “luchas” por el reconocimiento abarcan aspectos religiosos, políticos, sociales, económicos, de “raza”, culturales, etc. Atendiendo a esta diversidad seria difícil proponer un análisis en conjunto de todas estas luchas, no obstante, intentare exponer un aspecto de esta problemática que permita pensarlas a todos juntas, es decir, un aspecto que trascienda la discusión en sus particularidades, y que sirva para todos los casos. Esta problemática es la del Reconocimiento y la de “el Otro”. Trabajar textos filosóficos en notas periodísticas es una combinación harto difícil; entre ser claro, explicar detalladamente y a la vez sintetizar…ergo, vamos al grano, la idea es la siguiente: siempre (o las mas de las veces) se ha pensado el “reconocimiento” bajo la figura de la Lucha. Desde Hegel a Foucault se lucha por el reconocimiento.
Seria imposible encontrar un punto donde comienza el “no-reconocimiento”, por lo tanto, elijamos uno arbitraria, pero justificadamente. Dice Axel Honneth en su libro La lucha por el reconocimiento: “es por las experiencias negativas de menosprecio que nosotros descubrimos nuestro propio deseo de reconocimiento; nuestro deseo de reconocimiento nació de la di-satisfacción o de la desdicha del menosprecio”.
¿Por qué elegir este punto de comienzo? Porque, estas experiencias de menosprecio operan dentro de lo pre-jurídico y lo post-jurídico. Esto significa, que más allá de los laureles que nos podamos adjudicar por nuestras conquistas en lo jurídico y en el reconocimiento de los derechos de las minorías, de las etnias, etc., hay un ámbito, pre y post-jurídico donde el menosprecio se da en todo su esplendor en contra del reconocimiento. Y ese menosprecio lo define Honneth como “menosprecio social”. Y continua Honneth, con una justeza impecable en sus palabras: “No podemos comprendernos como portadores de derecho si no tenemos al mismo tiempo conocimiento de las obligaciones normativas a las cuales adherimos en el cuidado del otro, no somos nosotros mismos sino a condición de sostener con otros relaciones de construcción mutua”1 . En esta forma de pensar el reconocimiento se intenta “sacarlo” del ámbito de “la lucha”. Por eso es la elegida. Porque se piensa el reconocimiento desde formas no violentas. La pregunta entonces es ¿Cómo pensar el reconocimiento desde formas no violentas? La respuesta se encuentra en el titulo de esta nota, y la provee Paul Ricoeur. Las primeras líneas de esta “respuesta” las da Ricoeur en una conferencia pronuncia en el 2002 en la UNESCO.
En esta conferencia, Ricoeur se remite a otro autor para mostrar como pensar estas formas no violentas. El elegido es Marcel Mauss en su Ensayo sobre el Don; allí se remonta hasta la experiencia de las sociedades “arcaicas” (no bárbaras) sobre el intercambio del don, sobre el carácter ceremonial del intercambio. Lo interesante en estas practicas de intercambio es que, lo importante no es “la cosa donada”, sino en que, lo que “garantiza” el retorno es que el donante se dona el mismo como substituto en el don. Como explica Ricoeur, el funcionamiento del don estaría en realidad no en la cosa donada si no en la relaciona donante-donatario, en un reconocimiento tácito simbólicamente figurado por el don. Este reconocimiento simbólico es el quid de la cuestión; es el acto mutuo de reconocimiento de dos seres, la gestualidad del reconocimiento, es un gesto constructivo de reconocimiento a través de una cosa que es simbólica, que simboliza el donante y el donatario.
Partimos de las luchas por la identidad en Foucault hasta llegar a una practica de intercambio en las sociedades arcaicas interpretada por Mauss y Ricoeur, corresponde sacar en limpio porqué semejante mezcla y porquè, sobretodo, volvernos a un pasado tan remoto, tan fuera de la lógica mercantil y del dinero, que globalización de por medio, son las que rigen nuestra vida hoy en día.
El final de la conferencia de Ricoeur, después de su lectura de Mauss y además de Jaques Hénaf, termina con la propuesta de “asimilar” o de relacionar, la antigua practica del intercambio del don, con las formas contemporáneas y cotidianas del intercambio ceremonial de regalos, “en una relación de regalo, de intercambio, de favor, tenemos una experiencia viva de reconocimiento”.
Primera conclusión: resolver los problemas actuales sobre las luchas de reconocimiento, no sólo implica los grandes problemas como las luchas religiosas en medio oriente o las indígenas en América Latina, empieza, por el contrario, en el menosprecio social, en las formas cotidianas de convivencia social. Y actuar a favor del reconocimiento, no sólo implica los grandes actos de los premio nobel de la paz, sino todas y cada una de las practicas cotidianas, desde una ceremonia de regalo, hasta una ceremonia de enfrentamiento deportivo. Recordemos lo esencial de las practicas arcaicas: el donante se dona a si misma. He ahí toda la fuerza simbólica. Y ahí también la intención de estas líneas, porque, la posibilidad de pensar ese reconocimiento, tal vez mas básico, mas cotidiano, pero también esencial, es la posibilidad de pensarnos a nosotros y al otro de forma distinta. Solo reconociendo al otro, podemos donarnos a el. Piénsese sino en el amor. Soló podría amarse a otra persona sanamente y en libertad, siempre y cuando, nos entreguemos, nos donemos completamente a ella o el, y eso no podría ser sin reconocerlo, sin reconocernos, si saber que en el reconocimiento nos construimos mutuamente. Por acá podemos empezar, por evitar menospreciar al otro, por evitar correrle la cara, por evitar evitarlo.
Un último dato para cerrar, esas “sociedades arcaicas” a donde Mauss y Henaf, y más tarde Ricoeur, se remiten para pensar el problema del reconocimiento, no son las sociedades europeas, son las sociedades americanas, aquellas que no entraron en la “europeización” del Mundo. ¿Podremos reconocernos, aunque sea un poco, en nuestras sociedades olvidadas, en nuestro pasado?, ¿habremos dejado vivo algo de la maravilloso que matamos y olvidamos con el paso de la historia?...Tal vez sea hora de empezar de nuevo a reconocernos entre nosotros.




1 Conferencia pronunciada en la UNESCO en el año 2002. Publicada en el 2004 por UNESCO. Traducido del francés por Cesar Marchesino para la Cátedra de Filosofía Política I. Disponible en http://portal.unesco.org/shs/fr/ev.php-URL_ID=5936&URL_DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

Reflexiones III

Sobre la sexualidad y el poder. Una mirada filosófica.
Ilusiones e hipocresías.

Para hacer un abordaje a la cuestión de la sexualidad desde la problemática del poder, se puede empezar con poco. No hace falta un ni un master en sexualidad, ni ser un experto en la concepción foucaultiana del poder y del dispositivo de la sexualidad. Para ver la efectiva mecánica del poder sexual basta con salir a la calle o prender la televisión. Siempre y cuando a ese acto se lo acompañe de un mínimo grado de conciencia, de atención, de percepción más que de un simple mirar. En ese acto de conciencia y de atención se descubre un bombardeo y una proliferación de exposiciones sexuales del cuerpo. Esto último no es ninguna novedad, no obstante hay que llamar la atención sobre el inmenso grado de complejidad que representa esa publicidad en extremo de la pornograficacion del cuerpo, sobre todo femenino.
Cuando la realidad sigue un curso distinto al de la construcción teórica, por mas avanzada que esta este, hay que volver unos pasos atrás. Hacer un ejercicio de memoria para poner la realidad en armonia con lo que algunos piensan de ella.
La exposición alevosa y grotesca de culos y tetas en distintos medios, y sin ninguna justificación aparente, se vende como el progreso de una sociedad que aspira a la liberación sexual. Hay una distancia enorme entre la abolición de un tabú como lo fue durante mucho tiempo “el sexo” a una exposición netamente pornográfica del cuerpo. Y en esa distancia quedan muchas cosas por comprender, las cuales no se tienen en cuenta las más de las veces. Las siguientes líneas tratan de mostrar uno de los puntos que se pierde en esa distancia. El que más arriba titulaba como una “ilusión” y una “hipocresía”.
Empecemos por un acercamiento global a nuestra época, desde el psicoanálisis se puede construir el marco dentro del cual nos encontramos hoy. Lacan anticipa el signo de estos tiempos al hablar de un superyó que impone el goce, el sujeto ya no se siente culpable por el deseo inconsciente que ha debido reprimir sino por no gozar lo suficiente . Esta tesis psicoanalítica se inscribe en la filosofía bajo el concepto de la “muerte de Dios”: Si Dios no existe, todo esta permitido. Esta es la primera ilusión, confundir intencionalmente un llamado al goce y un “todo esta permitido” con una idea de liberación sexual. Que un adolescente de 16 años hago todo lo que no esta prohibido y que oriente todas sus acciones en pos de algún tipo de goce sexual, lejos de ser “liberación” sexual, es claramente una conducta de libertinaje.
En la filosofía nietzscheana, la “muerte de Dios” no tiene como consecuencia la ausencia completa de reglas, costumbres y valores mas que como un momento a superar (el llamado nihilismo), por el contrario buscaba lo que el mismo Nietzsche llamo una “transvaloración”, esto es, -dicho en criollo- la búsqueda de nuevos valores que hicieran al hombre mas libre, menos siervo, menos gregario, menos temerario, con mas voluntad de vida. Sobre como entender esta transvaloración, la discusión esta abierta y en pleno auge, se trata de no limitar el espacio de discusión de la educación sexual a temas como la prevención y las enfermedades de transmisión sexual, ambos necesarios pero no suficientes, sino acercar a los jóvenes a temáticas como el cuidado de uno mismo, la ética del placer, la sexualidad no genital, etc.
Esta ilusión de la liberación por el libertinaje que es posible por la hipocresía generalizada de toda la sociedad, tiene su peor cara, o una de sus mejores explicaciones en la mecánica del poder foucaultiana. No quiero confundir al lector en este punto, mucho menos arrogarme la soberbia de creer poder explicar lo que significa “el dispositivo de la sexualidad” en unos líneas, por el contrario prefiero citar un párrafo de la genial pluma de Charles Taylor que deslumbra por su precisión apropósito de lo que aquí hablamos:
“Lo importante de entender es que no estamos controlados según el modelo antiguo, mediante ciertas prohibiciones sobre nosotros. Podemos pensar que estamos obteniendo alguna libertad cuando eliminamos las prohibiciones sexuales, pero de hecho estamos dominados por ciertas imágenes de lo que es un ser sexual pleno, sano y satisfecho. Y estas imágenes son, de hecho, muy poderosos instrumentos de control. Podemos pensar en la ola contemporánea de permisividad sexual como una especie de “revuelta del cuerpo sexual”. Pero (y en el pero encontramos la brillante capacidad de preguntar de Foucault) “¿Cuál es la respuesta del lado del poder? Una explotación económica de la erotización, desde los productos para broncear hasta las películas pornográficas. Respondiendo precisamente a la revuelta del cuerpo, hallamos un nuevo modo de inversión que ya no se presenta en la forma de control por represión sino de control por estimulación. “¡Desnúdate, pero se delgado, hermoso, bronceado”! (Foucault Power/Knowledge, p. 57)
La conclusión debería saltarnos a la vista y hasta lastimarnos los ojos. El síntoma de exposición pornográfica bajo el que vive constantemente nuestra sociedad, que celebramos como “la revolución del cuerpo” y la “liberación sexual”, no es más, que un llamado al libertinaje sexual que responde a una explotación económica de la erotización, es una invitación descomunal y generalizada a consumir el sexo y no a vivir la sexualidad. Valga lo mismo para laS distintaS sexualidadeS: aceptamos la homosexualidad, pero no la bisexualidad, aceptamos la homosexualidad y a la vez la discriminamos. Aceptamos la homosexualidad pero no al transexual; aceptamos lo que queremos, en el grado que queremos, todo de la boca para afuera y en un extremo y profundo grado de enferma hipocresía.

Como decía al comienzo, en este pequeño análisis sobre la sexualidad no hay nada radicalmente nuevo, los pensamientos de Foucault y Taylor llevan décadas circulando (por supuesto que ha habido actualizaciones y derivaciones importantes, sobre todo para comprender como se da la nueva bio-politica del poder, que tiene total vigencia para comprender nuestras sociedades). Lo que no deja de sorprender a quien escribe, y que motiva estas líneas, es la capacidad de todos los integrantes de nuestra vida cotidiana para mirar al costado de estos fenómenos con los que convivimos a diario. Padres que se molestan por la iniciación temprana, sin conciencia ni cuidado, de sus hijos en el sexo (no en la sexualidad) pero que no se interesan por saber que hacen los mismos horas encerrados en sus cuartos abiertos al mundo de la pornografía cibernética, adolescentes que se jactan de saber todo sobre el SIDA y el embarazo pero no pueden detener la cabeza (ambas) en un segundo de calentura para ponerse un forro, una clase dirigente y educativa que se llena la boca de palabras sobre la importancia de la educación sexual pero que permiten que grupos económicos y medios de comunicación vendan sexo sin resguardo y sin horario de protección, porque eso es atentar contra grandes poderes económicos.
En fin, repetir las cosas hasta el cansancio o escribirlas, no es garantía de resultados. Pero poner en evidencia que hay muchos que estamos dispuestos a pensar y dialogar sobre qué y cómo queremos entender y vivir la sexualidad fuera de un mecanismo de poder y de explotación económica, es una tarea que no pierde vigencia y que no debemos dejar que la pierda; por tanto estas líneas (y este diario y este ejemplar) van en el sentido de restituir y cuidar ese espacio de dialogo abriendo y poniendo en discusión formas que nos acerquen a una sexualidad mas libre.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Reflexiones II

Los “Derechos Humanos” entre la democracia y el poder.

Podría pensarse desde una perspectiva general, que los Derechos Humanos, constituyen un eje que atraviesa, indistintamente, diferentes regímenes de gobierno, es decir, tanto una socialdemocracia alemana, como un “conservadurismo italiano”, o un populismo latinoamericano. Esto podría llevarnos a pensar y a preguntarnos si los Derechos Humanos son ajenos a la política o si están en un lugar a donde el poder no llega. Las siguientes líneas intentaran pensar, justamente, esta relación, la de los Derechos Humanos con el poder y la política.
Claude Lefort, es uno de los grandes teóricos del totalitarismo, y a través de su análisis de la diferencia entre el totalitarismo y la democracia, puede darse una excelente “respuesta” a la pregunta que aquí nos estamos haciendo. En los regímenes Totalitarios, explica este pensador francés, los Derechos del Hombre, definidos desde el siglo XVII como los “derechos del hombre burgués”, es decir, del hombre individual, son absorbidos completamente por el Estado. Dice Lefort: “Bajo este régimen el hombre se encuentra disociado del hombre y separado de la colectividad hasta un extremo no conocido nunca en el pasado, (…) por que su individualidad debe disolverse en un buen cuerpo político, el pueblo soviético o el partido”.
Si discutimos el tema de los “Derechos del Hombre”, el texto de Marx La cuestión judía, es una parada obligada. Allí Marx elabora una critica donde pone de relieve, justamente, que la definición de “derechos del hombre”, esta hecha a medida del hombre individual burgués; esa definición esta pensada para que cada hombre encuentre en el otro hombre “no la realización sino, al contrario, el limite de su libertad”.
Llegados a este punto, se podría trazar una interpretación que muestre que la definición de “Derechos del Hombre”, en el sentido recién explicado, posibilito la situación radical de abolición de esos derechos que se dio en los totalitarismos efectivamente sucedidos en la historia. Pero más allá de la plausibilidad de esta interpretación, el interés de Lefort es otro. En el totalitarismo el poder atraviesa toda la sociedad y es por eso que no hay lugar para los derechos. Pero en la democracia, esta es la tesis de Lefort, se da una separación entre derecho y poder. Esa separación fundamental para la democracia, privilegia el carácter simbólico que los individuos pueden tomar como sociedad en sus reclamos. La democracia juega con la idea de tener vigentes ciertos derechos en la práctica que todavía no han sido institucionalizados. Esta no-institucionalización, esta distancia del poder, permite a la sociedad, a los hombres la lucha por nuevos derechos y su efectiva realización. Como bien muestra el titulo, los derechos del hombre, en la democracia, se sitúan a distancia del poder.
A través del análisis de Lefort y de la experiencia de los Totalitarismos pueden desgajarse otros sentidos de la idea de “Derechos del Hombre” que Marx no pudo ver. Primero, la idea de que los Derechos del Hombre funcionen como límite de separación entre el derecho y el poder, impidiendo, como en el caso de los totalitarismos, la total absorción de la sociedad en el Estado, y por lo tanto, el peligro de poner a los individuos bajo un poder político desmesurado.
Segundo, si bien es difícil negar que la crítica de Marx a la definición atomizada e individualista del hombre en los “Derechos del Hombre” continúe teniendo vigencia en las sociedades actuales, eso no nos impide preguntarnos por los aspectos positivos que tiene la idea de Derechos Humanos.
Para finalizar veamos como pensar estos aspectos positivos. El texto principal donde Lefort expone las ideas que aquí hemos recorrido, se titula La Invención Democrática, y esta invención que define a la democracia, es precisamente, la de abrir, constantemente, un espacio en la practica para la lucha por nuevos derechos, ese espacio alejado y al resguardo del poder, tiene una fuerza simbólica que no debemos dejar que se pierda.
La critica mas fuerte que hacía Marx a la idea de los Derechos del Hombre, es que, para su época la conquista de estos derechos llevaría a una “emancipación humana”, de libertad e igualdad. Hoy vemos que la denuncia de Marx de que esa “emancipación humana” no era más que una “ilusión política” ha tenido su alta cuota de verdad, pero no solamente, porque la definición de hombre escondía el germen burgués y bajo el no podría haber una verdadera emancipación, sino porque, nunca bastaría la sola definición de un conjunto de derechos para alcanzar cualquier tipo de emancipación. En la vida de todos los días, hay una distancia inmensa entre los derechos instituidos y su real aplicación. A su vez, día a día aparecen nuevos derechos por los que luchar, y nuevos grupos sociales con nuevos reclamos. Por lo tanto, y como además, los hombres son históricos, concretos y viven en sociedades determinadas, nunca habrá una definición de “Derechos Humanos”, que contemple a todos los hombres y a todos sus derechos. Lo que si podemos hacer y pensar, es determinadas formas sociales y políticas, determinados regímenes, donde se pueda en la practica, luchar por nuevos derechos; para vivir en una Democracia así es indispensable no perder de vista, el valor simbólico que tienen los Derechos Humanos, como un lugar a donde el poder no puede llegar, y como un lugar que la SOCIEDAD, (y no el Estado), debe cuidar y en el cual debe actuar, para permitir siempre la reactualización de Derechos de distintos actores y sectores sociales.

sábado, 26 de diciembre de 2009

El Último Hombre Hedonista.

A través de esta nota pude descubrir el porque de mi adicción al café fuerte. Y por fuerte me refiero a realmente fuerte, el triple de lo que en un bar se conoce como “café fuerte”. Si cualquiera de los lectores logra descubrir lo mismo respecto de cualquier otra sustancia, entonces el fin de esta nota esta logrado. Veamos como se da ese descubrimiento.
La idea central es (por favor no se asuste y dele tiempo al argumento): todos somos unos drogadictos encubiertos. En la medida en que ese encubrimiento no sea develado la posibilidad de una sociedad sin adicciones resulta imposible.
Quien tiene la clave de ese secreto, por supuesto no soy yo, sino el genio inigualable de Slavoj Zizek, yo tan solo seré un comunicador de su palabra.
En la presentación del libro Placer y Bien, que Zizek titula “El goce como categoría política”, se encuentran una serie de reflexiones sobre el papel de la droga a modo de analogía para comprender como en el capitalismo de nuestros días la política “es mas y mas la política del goce”. Partiendo de este punto, el análisis de Zizek atraviesa la diferencia entre un Occidente liberal-tolerante y un islam fundamentalista, diferenciados por el derecho de la mujer a la sexualidad libre, donde encontramos el “goce” como categoría, operando en el centro de esa diferencia, hasta llegar, a través del psicoanálisis Lacaniano, a la idea del “goce absoluto”, donde desaparece la dimensión del goce del Otro. Para entender un poco mejor este recorrido de Zizek, veamos como funciona la analogía o la metáfora, con las drogas.
Dice Zizek: Lo que las drogas prometen es un goce puramente autista, un goce al que se accede sin el rodeo a través del Otro (del orden simbólico). “sin el rodeo a través del otro”, significa un goce sin ninguna representación simbólica, esto es, un goce que ataca directamente nuestros centros neuronales de placer. La experiencia de la drogas abarca entonces, lo Real del goce (sin representaciones) y “la proliferación salvaje de fantasías” (del orden simbólico con representaciones) valgan como ejemplo los efectos alucinógenos de la droga, que según comentan, “hace ver”, formas alocadas, colores extraños, sensaciones indescriptibles, etc. No obstante, no hace falta llegar al extremo de las drogas que atacan directamente nuestros centros neuronales para encontrarnos con el funcionamiento del goce, no ya sin su representación simbólica, si no, peor aun, sin su cualidad sustancial.
Volvamos al plano de la realidad cotidiana donde encontramos, haciendo un pequeño paseo por el supermercado, ejemplos de esto ultimo. La lista es la siguiente: café sin cafeína, crema sin grasa, cerveza sin alcohol. Y mas allá del supermercado, el sexo virtual como sexo sin sexo, y mas allá todavía, la realidad virtual como realidad sin Realidad, o (este es el punto al que quiere llegar Zizek) la doctrina de Colin Powell de guerra sin guerra, y por ultimo, la política como arte de la administración experta, como política sin política.
Llegado este punto se abre la pregunta que es la clave del encubrimiento: “¿No es ésta la actitud del Ultimo Hombre hedonista? Todo está permitido, uno puede gozar de todo, pero desprovisto de la sustancia que lo hace peligroso.” A todas luces se hace comprensible la afirmación del comienzo: todos somos drogadictos encubiertos. Todo esta permitido, todos consumimos todo desprovisto de la sustancia que lo hace peligroso, pero no obstante, lo consumimos. La frase no es redundante aunque lo parezca, tiene la clara intención de poner de relieve la acción, por que, quitado o no el peligro, el acto de consumir sigue estando, y en él radica todo el peligro de la adicción. Aquí la excusa de “estar desprovisto de lo que lo hace peligroso” deja de funcionar, y entonces, ingresamos al nivel del comportamiento social, y de cómo, ese último hombre hedonista, se vuelve parte de una Ultima Sociedad Adictiva. La combinación, hace explotar las esperanzas.
Claro que hay una detalle que hace distinta esta reflexión a cualquier otra “clásica” sobre drogadicción, puesto que los ejemplos usados por Zizek, como el dice, son de cosas permitidas sin sus sustancias peligrosas, ejemplos como el paco y la cocaína, no caerían bajo estas líneas.
Pero, acaso no es ese el lema de muchos de los consumidores de éxtasis, marihuana, cocaína, y porque no, pornografía también; qué “no es peligroso”, que “yo la controlo”. Cuan seguro estamos de qué adicciones son “sustancias peligrosas”, ¿la televisión lo es?, y ¿la internet?
Si nos situamos en el mismo plano de Zizek, y nos quitamos la mascara, reconociéndonos como ese Ultimo Hombre hedonista, estas nimiedades tal vez, como son el café sin cafeína o la cerveza sin alcohol, tienden hacia un horizonte mucho mas terrible. Repito, lo de unas líneas atrás, el goce absoluto, es el goce sin el Otro. Ese horizonte, atenta contra toda posibilidad de la política, contra toda posibilidad de vivir en una “realidad con realidad”, en una “realidad con Otro-s”.
La situación de gravedad que implica la droga en los niveles mas conocidos, como el paco en las villas, las llamas drogas de diseño en las clases altas (pido perdón por estos lugares comunes y prejuiciosos, pero las mas de las veces son exactos para representar el imaginario social) o el trafico de drogas; no nos impide, preguntarnos por la situación de nuestra cotidianidad, por nuestra comprensión del placer y el goce, directamente ligados a la adicción.
Porque, sino empezamos preguntándonos por eso, podríamos, como dice Zizek: ¿para que molestarnos con el café? ¡Inyectémonos cafeína directamente en nuestra sangre!

Reflexiones Periodisticas

A continuación se encontraran una serie de reflexiones periodísticas, escritas por el mismo Rubicante, que han sido publicadas periódicamente, en el diario "EL Anden", que se distribuye en prov. de Buenos Aires.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Completitud

En un cuento sobre una murga, en la cual el tiempo parece marchar al revés, Dolina dice que ahí, “las historias de amor empiezan por el hastío.” Quiero en estas líneas, que siempre son una metáfora, una elipsis y un desvió de mi vida, nunca un retrato perfecto, no porque no quiera sino porque me resultaría imposible, porque estas mismas palabras en el momento en que se las escribe y se escribe mi vida, generan una disrupción, un efecto borroso que convierte la realidad de los hechos una en una irrealidad y entonces las palabras y los hechos se vuelven indistinguibles, con lo cual al final nunca se si mi vida serán mas mis hechos, que mis palabras; como decía, quiero en estas líneas refutar esa afirmación. Eso significa arriesgar una historia de amor donde no se termine en el hastío, eso seria tan simple y abrumadoramente complejo como contar una historia de amor con final feliz.

El miércoles comenzó con los signos de tortura bien marcado bajo los ojos. Sin abusar de la hipérbole diría que más de cinco días sin dormir decentemente, es sincero. A eso se suma un maratón de estudio inhumano, y un ejercicio constante de borradura de los trazos de la memoria. Para las cuatro de la tarde, cuando el suplicio y la agonía se habían convertido en una alegría y regocijo indescriptible, producto de haber rendido la ultima materia de la Licenciatura en Filosofía, me dispuse a relajarme, a desvanecerme en el vacio de los pensamientos, a suspender todo tipo de sinapsis posible. Para lo cual, elegí ver una película en la soledad de mi pieza (de la cual participan todos los transeúntes y choferes de Córdoba).
De la escasa oferta de películas me convenció “La suerte esta echada”, película argentina, que yo esperaba tuviese alguna reminiscencia a la maravillosa novela de Sartre que lleva el mismo nombre. A pesar de no tener ni una de esas reminiscencias, la película me resulto excelente. En ella, entre otras cosas, sucede una historia de amor. El enamorado, recurre a un profesor de tango para poder conquistar a la mujer en cuestión. Más que las enseñanzas bailaristicas (si se me permite el neologismo) se dan una serie de diálogos, de una sabiduría implacable.
Uno de los diálogos entre el Profesor y el Enamorado, y el que será la base de la refutación prometida, discurre de la siguiente manera:

-Profesor: ¿Cuantas mujeres tuviste en serio en tu vida?
-el Enamorado: Tres
-P: ¿Y como eran?
-E: Diferentes entre si
-P: ¿Seguro?
-E: Si
-P: Yo creo que en el fondo es siempre la misma. Porque es uno el que repite y repite, es muy difícil salirse de la repetición. Cambia el embase pero el esquema que atrapa es siempre el mismo. Si uno detecta la repetición, se corre, la deja pasar, y ahí safa. Ahí empieza a existir la posibilidad de que aparezca lo que es para uno de verdad. Con las minas o con lo que sea eh. La repetición es lo contrario a la evolución. Para evolucionar hay que aprender. ¿Alguna vez tuviste que aprender algo para acercarte a una mujer?
-E: No
-P: Parece que la vida eligió el tango para tu evolución.

Hasta segundos antes de esa escena, mi espalda había impuesto una hermosa tregua con el dolor, el cerebro efectivamente había interrumpido su actividad, y todo el resto del cuerpo se dejaba seducir por la gravedad frente a la cual la resistencia del colchón era una caricia. Pero las neuronas están enfrentadas hace años con mi voluntad, y jamás lograré ponerlas bajo mi yugo, con lo cual, la tranquilidad desapareció en un santiamén y las sinapsis explotaron por todo el cerebro, al punto de que pude sentir la electricidad recorriéndome el cuero cabelludo y como la piel en el punto de las sienes empieza a estirarse y querer expandirse conforme las ideas pasan de electricidad a materialidad. No tuve otra opción que ponerle pausa, tantear la lapicera y la libreta azul, y resignarme a que ese algo que habita en mi interior sembrara palabras y sensaciones por toda la hoja, que ahora, con sus matices racionales y sus bemoles temperamentales toman forma en este texto.
La idea, se presento concreta. Cosa que no pasa muy a menudo, y la razón estoy seguro, fue la precisión de ese dialogo, de esas palabras.
Los últimos días estuvieron cargados de esa certeza dolinesca, veía como poco a poco, sin poder ejercer control, ni orientar rumbo, un amor perfecto, se seguía diluyendo en el hastío, hasta borrarme todas las ganas de concretar ese encuentro que tanto deseaba semanas atrás. Opte por resignarme, como corresponde a estas situaciones, sepultar lo dicho, lo no dicho, lo hecho y lo pensado, y continuar. Tan sencillo como eso. Ni una palabra más. Nunca fui de los que se desprenden fácil, mas bien todo lo contrario, pero esta vez fue sencillo (seguro mas por su contribución que por la mía), pero para el martes, mi yo, con su sí mismo, y mi mí mismo estaban en armonía.
Las sensaciones que me había dejado esa escena, estuvieron en latencia hasta que hoy se me cruzo el libro de Dolina, ahí se dio la conjunción justa. No termine la frase para saber que estaba en desacuerdo, no todas, ni la mayoría de las historias de amor terminan en hastío, y la justificación, la presentación muy pintoresca de esa justificación, se trasluce al ritmo de un dos por cuatro.
El sentimiento de fracaso al final de una relación, es lo peor que a uno le puede pasar. La impotencia de ver como la ruptura entre dos, se multiplica en muchas rupturas al interior de cada uno. Ni siquiera se trata de un intento de recomponer esa ruptura, tan sólo, de darle un final, que no este teñido por las discusiones interminables, por los intentos de corroborar versiones dudosas del pasado, o por un distanciamiento capaz de borrar todos los rastros del amor dulce y alegre que se vivió. Es el miedo a que ese último desencuentro, esa última incomprensión, se lleve todo lo bueno, y lo sepulte para nunca más recordarlo ni reconocerlo. Ese miedo es el peor que me toco vivir. Me dispuse con fervor a revertir ese resultado, aunque sea, en mi mente.
Una sola pregunto basto “¿Alguna vez tuve que aprender algo para llegar a vos, para enamorarte, para enamorarte mas el tercer diecinueve que el quinto o el octavo? Las respuestas se agolparon, más que por las cosas que aprendí, por la oportunidad de ponerlas en practica: la igualdad, en todas sus facetas y consecuencias, entre el hombre y la mujer, el respeto por aquellas cosas que uno ni siquiera comprende del otro, el intento diario de comprender un mundo completamente distinto, el intento diario de disfrutar ese mundo completamente distinto mas allá de la incomprensión, los secretos de la música, los secretos de la mujer, tus secretos (por esas tres pasa un delgado hilo que hace que a medida que se entiende uno, se entienden mejor los otros). Tuve que aprender a confiar en vos y no en mí. Tuve que aprender a pedir perdón, muchas veces. Aprender a vivir eso que siempre había querido de amar sin orgullo ni competencias. Aprendí que el sexo se disfruta más cuanto mas lo disfruta el otro. Contrastar eso con mi pasado, me hizo saber que se puede estar con una mujer en la cama y estar sólo, y es horrible. Aprendí a preguntar “¿Qué te pasa?” sin el vacío retorico. Aprendí que sentir orgullo por el éxito de los demás puede ser mas reconfortante que el que proviene del éxito propio. Nunca pensé que podía sentir unos nervios tan lindos y enérgicos como los que se sentía al salir al escenario, hasta que por primera vez te vi cantar en un recital.
En fin, basta con decir que tuve que aprender a ser un hombre completamente distinto y más de una vez.
Lo más importante de todo, es que aprendí, y descubrí, que todo eso no se fue, ni con vos, ni con una ruptura, y no se va a ir jamás con ninguna mujer. Eso queda en mí y para siempre. Eso me hace una persona distinta, modelada y transformada al pulso de las cuatro manos de esa historia de amor, a eso no hay distancia, decepción o hastío que puede anularlo. En pocas palabras, para que una historia de amor sea feliz, feliz con unas mayúsculas enormes, basta que el resultado sea haberse convertido, ambos, en seres un poquito más completos, más justos, más entregados y más dispuestos, más capaces de reinventar, desarmar, destrabar y recomponer, esa unión que es el amor y que en el intento, ambos se hayan convertido en un poco más libres.