jueves, 19 de agosto de 2010

El Necesario Orden - Primera Parte

El Necesario Orden

“Ya vivía, y la vida era un mortal enojo;
ya moría, y la muerte era viva alegría.”


La mayoría de los hombres no habría comprendido mi sonrisa. Y lo entiendo. Es sabido que la costura es una práctica que mas concierne a lo femenino; una tarea desdeñada por hombres impacientes; pero en mi favor debo decir que mi trabajo requiere mucha paciencia.

Afuera el día resplandecía de vida. A la sombra, una suave brisa, proveniente de la montaña, equilibraba justamente, el calor que se tornaba sofocante luego de unos minutos bajo el sol naranja.

Esta mañana todavía no había salido de mi cuarto. Sentado en la cama, sonriente y alegre daba prolijamente cada puntada dejando perfectamente cosido cada uno de los botones. Si bien odio las tareas hogareñas cualesquiera sean, esta mañana es especial, el café seria especial, el amanecer había sido especial, arreglar el traje me deleitaba especialmente, pues la tarea de hoy es matar y; matar es especialmente hermoso.

Listos los botones, acomode el saco en la silla estirándolo bien, deje sobre el escritorio el hilo y la aguja con unas gotas de sangre (prueba irrefutable de mi inmortalidad), sacudí las sabanas y suavemente las arroje contra la cabecera. Me puse las pantuflas y camine a la cocina. Sin reparar en cuidados, tome todo lo que había al paso y lo fui tirando en una bolsa negra, que luego tiraría en el hombrecito de lata que espera a la entrada. Como el día lo ameritaba tire el café sobrante en la cafetera y puse agua a hervir. A mis veintitrés años ya soy un adicto al café y ni la resaca más fiera me apartaría de una taza de café por la mañana. Me llene la mano de granos y los coloque en el mortero, lentamente y con amor fui moliendo cada uno de los granos de café; estos días son de esos en los que no se sabe si este será el ultimo café, así que las cuatro horas restantes de la mañana eran todas para esas tazas de café. Si sobraba tiempo me afeitaría, aunque mi barba de 2 días era mi preferida temía que tapara, o simplemente hiciera sombra, sobre la estupenda sonrisa que lanzaría a ese infeliz segundos antes de despacharlo.

Seguramente acompañaría el café con mis lecturas clásicas por excelencia La Biblia y El Diablo en el Cuerpo, una ficción y una ética, respectivamente; para este día es realmente necesario aquietar mi alma y mis pasiones y para dicho propósito nada mejor que el café y una buena lectura.

En este trabajo volver vivo después de una día de trabajo es una lotería, tal vez hoy, mañana o en 50 años estaré muerto, por eso tomo todas las precauciones necesarias; en la mesa de luz tengo guardadas Siete Cartas de despedida.

La primera es a mi madre y mi padre. La segunda tiene plata para los gastos fúnebres y las cuentas pendientes, es menester no dejar cuentas por pagar a nadie. La tercera tiene la foto y una carta de una novia de hace muchos años, a quien le debo el recuerdo de lo que podría llamarse amor.

Filipo II le había dado a Alejandro, a temprana edad, un consejo de esos que nunca hay que olvidar: El poder es solitario. A mi temprana edad también, la vida me a enseñado que el poder mas grande es el de matar, y en razón de eso, lo mas cercano al amor, había sido esa novia a los 17 años. Esta carta tiene algo particular, ahora que recuerdo lleva una confesión. Recuerdo que aquella novia tuvo su primera vez conmigo en el amor; si no hubiese sido por eso, habría notado que también era la mía. Si bien reescribí muchas veces esta carta, nunca pude superar la finitud de las palabras, siempre me queda algo que no puedo hacer llegar a las palabras. Es ese segundo de orgasmo que compartimos ambos por primera vez, donde nos dimos cuenta, que el sexo, no es sino otra forma de besar. Tal vez un poco mas cálida, mas prolongada, mas exuberante, mas atrapante, mas intempestiva, pero al final, las mismas ganas de decir te amo, te amo y te amo tanto que para demostrártelo tendría que evitarte esta vida angustiante y trágica que continuaras sin mi y matarte. Siempre supe que la dejaría. Tal vez algún día le devuelva todo ese amor, y realmente la mate.

La cuarta carta esta dirigida a todos y a ningunos de los existentes humanos. Da cuenta de las razones, mas bien casualidades de porque este es mi camino, porque este mi trabajo y porque es el mas feliz de todos. Hace años la escribí y no recuerdo bien que dice, pero supongo que será algo más o menos así: “…y por todo eso este es el trabajo que mas feliz me hace y no lo cambiaria por nada.”, lo anterior a los puntos suspensivos es donde mi memoria falla.

La quinta carta es para Manuel. Todos los domingos, sin falta me siento con Manuel a tomar Whisky, él me dice la marca, yo lo compro, él tiene 2 vasos, yo llevo hielo, él saca dos bancos, los dos nos sentamos.

Nos sentamos bajo el techo de la entrada de la puerta que da a su casa. Su casa esta en el fondo, a la izquierda, entre dos árboles, en el último y mas oscuro rincón del Cementerio. Entre paredes de no mas de dos metros de largo un colchón sobre un piso de madera crujiente hace de cama, una silla con cuatro patas y un respaldo de paja mas un almohadón violeta sacado de la capilla del cementerio, una mesa, y una pared llena de libros, todos regalos míos a Manuel. Aquí, en el más perfecto de los paraísos, en el silencio parlante, en el lugar donde realmente se mide la historia, el pasado y el futuro, que no lo marca sino el paso y estancia de unos y otros por este mundo, y el reconocimiento que se encuentra justamente a la hora de llegar al fin; aquí trabaja Manuel.

Pasamos horas, preguntando y respondiendo, tratando de develar un historia tan antiguo como la vida misma, en una discusión sin fin: ¿A quienes le hablan? Nuestra inteligencia nunca fue de las más excelsas, pero conocemos lo suficiente, y estamos seguros de que los muertos no hablan.

A Manuel lo conocí, cumpliendo la 3er regla de mi lista de reglas laborales que cuenta con Nueve. Según esta regla me veo obligado a llevar, siempre, indefectiblemente, un Clavel a aquel, a quien haya dado muerte. Desde el principio Manuel supo que yo no tenía muchos parientes, pero nunca pregunto por la frecuencia de mis visitas. El sólo se limitaba a su trabajo, tener listo un Clavel, para cuando yo pasara por ahí; así fueron las primeras veces, luego la inercia nos llevo a la charla y la charla a la amistad. Mi intuición no tardó en alertarme de los beneficios de esta amistad en vistas de mi trabajo; Manuel prometía cuidar mi tumba, poner todos los domingos un Clavel. Y cuidar que no me robaron ningún hueso. Yo por mi parte era buena compañía, le llevaba el Whisky y de tanto en tanto contribuía con algún momento de lucidez a develar el misterio. Recuerdo un momento de esos, le dije sin preámbulo alguno “Son todos unos idiotas”. Yo he visto muchos ojos fallecer y existinguirse, y en ninguno de ellos encontré el deseo de un Clavel y una charla de 5 minutos todos los domingos. Más bien había el deseo de un tiempo perdido, de un beso no dado, de un amor no confesado, de una vida desperdiciada. Un recuerdo y un anhelo de todo eso que no dicen las palabras, la angustia de saber no volver a sentir el cuerpo. Escuchar un estomago rugir de hambre, la sal de una lagrima, el ardor de una cachetada, el sudor del sexo; los ojos de los muertos parecen remitir siempre a una vida animal que se ha perdido al momento de pensar. Una vida que nos define y a la que sólo nos acercamos cuando morimos, y ahí nos identificamos con lo que somos, y nos damos cuenta de lo que hemos perdido, de lo inhumano como hemos vivido, de lo acertados que fuimos, de lo trágico que nos perdimos, del placer de gozar. (Esto podría ir antes de los puntos suspensivos que antes no recordé.)

La secta carta, esta escrita a todos los familiares de las personas que mate, y que seguiré matando dice: Perdón, sólo contribuyo al orden del universo.

La séptima carta tiene unas mínimas instrucciones, para que la persona que se lleve mi vida, deje allí unas palabras alusivas.

Regla 1: Todos comenten errores, todos menos Tu.

Si bien siempre me es complicado programar horarios, el día de hoy estaba organizado de la siguiente manera: de 12 a 14 dos encargos. Cada uno no debía llevar más de una hora, entre el hecho, el previo suplicio, la captura, las últimas palabras, el adiós y el hola, y la limpieza del arma.

La noche anterior me había dedicado a dibujar cada uno de los asesinatos, no se pensaran que es tan simple como disparar, ahorcar, asfixiar, golpear, apuñalar, quemar o atropellar. El dibujo por lo general dependía de dos cosas, una intuición o un meticuloso estudio de la vida del afectado. De los 5 trabajos del día, la disposición había sido, los dos primeros meticulosos, y los otros tres intuitivos.

El padre Antonio tenía 38 años y su faena diaria excedía la plenitud de sus años. Nótese a simple viste lo ajetreado de una cotidianeidad que consume, ni mas ni menos que la plenitud de la vida. Una mañana empezada a horas de la noche, por lo general cuatro o cinco de la mañana, treinta y dos rezos fijos en números al pie de la cama, el contenido variaba según época del año, calendario religioso, lluvia o sol o pedido especial. Luego, dos cuartos de hora de trote en el lugar con sotana y habito, trote sobre el polvo de las tablas de la habitación, y durante todo el trote contemplación, propiamente dicha, de una pintura al óleo con la imagen de la Virgen María.

El desayuno era lo único que podría reprochársele de ostentoso, café solo, jugo de naranja, galletas de chocolate, pan de varios tipos, mermeladas de varios gustos, un tostado de jamón y queso, dos facturas siempre de grasa y una porción de torta de las tantas que recibía a diario en la parroquia. Por la contextura física del padre, no era de asombrar tal hábito alimenticio. A las siete bendecía la parroquia según la tradición y a las siete y media habría la puerta a los primeros creyentes; a los cual no voy a juzgar por el constante desperdicio de su vida en la iglesia rezando y orando. Dos horas más tarde caminaba a la escuela Normal 114 donde impartía clases de matemáticas a alumnos de cuarto y quinto año. Al finalizar la segunda y última clase llevaba a los alumnos a una cancha que lindaba con la escuela donde además de Entrenador, oficiaba de 3 en el equipo de 8 jugadores del colegio. En la cancha se veía la verdadera vocación y entrega religiosa. El amor cristiano le impedía al padre, siquiera, tapar un gol. La devoción por la gloria ajena, y la contradicción de esta, se hacia tangible e insoportable en la cancha. Un espíritu dividido entre el deber y la bondad, entre el compromiso y la entrega de tal gloria ajena, a mi juicio inexistente. Para graficar esto no hace falta más que citar las estadísticas del padre, en 11 años de jugador y con 54.863 minutos en cancha: ninguna roja, ninguna amarilla, ninguna patada, ningún gol, ningún quite, sólo minutos en cancha y partidos al año.

Entre ninguna de las tareas del día había un tiempo dedicado al aseo, el padre simplemente estaba enamorado del aroma penetrante del sudor. Necesitaba segundo a segundo constatar a través de ese aroma, que su paso por este mundo dejaba un surco, el padre tenia la imagen de ser un campesino y el mundo su campo y no paraba de pasar la asa de un lugar para otro, y el sudor de ese trabajo, lo revivía constantemente.

A las 5 de la tarde el padre se dirigía al diario del pueblo donde redactaba los avisos de misa y los saludos de fallecimientos. Tarea que le consumía una fastidiosa hora de su tiempo.

Al salir tomaba un café y luego volvía a la escuela para dirigir el transito a la salida del colegio. Tarea ridícula si las habrá en un pueblo donde por cada habitante faltaba un auto.

A las 6 acompañaba a algunos alumnos a sus casas, hablaba con los padres, todos los días informando y aconsejando sobre el futuro de sus hijos. El padre conocía a la perfección a cada uno de sus alumnos y según sus facultades y habilidades les daba a los padres una lista de posibles tareas para mejorar en cada caso cada una de esas facultades o habilidades.

Esta tarea tenia limite a la caída del sol. Nunca nadie jamás, se atrevió a preguntarle al padre, porque minutos antes de la caída del sol, el daba por terminado lo que estuviese haciendo y volvía a su casa con urgencia.

Este hecho abría una posibilidad infinita de conjeturas entre la gente del pueblo, las mas ridículas iban desde una supuesta transformación a Padre-Lobo hasta argüir que a esa altura del día ni el mismo padre podía soportar el olor de su sudor. Lo cierto, es que al llegar a su hogar el padre se dedicaba apasionadamente a tres horas seguidas de lecturas teológicas.

Luego… el sueño mas profundo que jamás haya visto.

“Absolutamente nada hay de condenable en la vida del padre, y por eso mismo merece morir. La perfección de su existencia pone en jaque la vida de todos, el Padre ha logrado hacer de Todo algo bello y generoso, y eso mismo insultaba la belleza, le quitaba poder, distinción, excelencia, aquellos que buscan el ruido del mundo que se oculta, se sienten aturdidos por el padre. El mundo necesita del asesinato del padre, su muerte debe devolverles a los hombres la fragilidad de la perfección, saber que cualquier vida que quiera hacerse de la inmortalidad, equivoca el camino. La inmortalidad la entrega el vivo al muerto. El reconocimiento de la inmortalidad primero tiene que ser miedo, el miedo de que esa persona pueda vivir por siempre; una vez muerto…Si, adoración y eternidad, no antes. El padre merece la inmortalidad, sin duda, pero no en esta vida, ni con esas acciones, sólo una muerte trágica es posible para él. El mundo debe ser restituido a su orden”, esas fueron las palabras del poeta que me había encargado la muerte del padre. Para mi sólo contaba la ultima frase.

No me tomo más de cinco minutos el dibujo de la muerte del padre, era más que fácil configurar ese hecho.

La primera vez que me asome desde el parque a la ventana del padre, supe como seria, (y como fue), quede prendido de esa imagen. En la mañana cuando el padre comenzaba su trote el polvo que se levantaba creaba una bruma en toda la habitación, casi nada podía percibirse entre el marrón de las paredes que teñía el polvo; del Padre sólo se veía la cintura y unos brazos fuerte y ágiles moverse como alas, la mirada de la Virgen fundida con los ojos del Padre sacaba la imagen del cuadro y la Virgen se acercaba al Padre, el aletear le daba lentamente vuelo al cuerpo vestido en negro y lo invitaba a subir, y el trote del Padre parecía avanzar, y dejar atrás la bruma indeterminada, y sobre el Padre la imagen de moisés subiendo el monte y la Virgen en la altura esperando para amarlo, y ese momento hermoso, congelado para siempre por el frió de la bala que cruza de la espalda al pecho al Padre, y golpea ferozmente a la virgen y ambos caen… el padre sobre la Virgen y la sangre que casi negándose se escurre del corazón del Padre dibuja las lagrimas de la Virgen.

De los intuitivos, uno no dejaba de atormentarme. El encargo era único, por vez primera el motivo del asesinato es la desmesura de una sonrisa. Siempre había escuchado que las sonrisas enamoran, pero según el relato, el de esta niña no deba lugar sino a la muerte súbita.

Entre una multitud de personas sonrientes, bailarines de burdel todos, buscaba la victima de mi cliente.

Nunca había sido tan desleal a mis reglas laborales. No pude ni un segundo dejar de mirarla. “Estoy enamorado”… no podía dejar de repetirme eso. Dos días después cuando la tenia frente a mí, tomada del cuello, a punto de atravesarla con el cuchillo, le suplique a gritos que me matara; daba lo mismo. La odie con tanto odio, que quise que mi cuchillo llegara hasta el corazón y lo sacara a la intemperie, al mundo horrendo, injusto y poético, en el que ella me había dejado después de su sonrisa. El odio no era por la indiferencia, todo lo contrario, que su mirada me buscara, para buscar nada, me ofendía hasta el horror. No dejaba de mirarme, y no le importaba ni un poco lo que bajo su mirada se creara. Después de mucho tiempo entendí qué mate, cuando la mate… Inocencia.

Otra vez; no hay lugar en el mundo, para tanta belleza. No hay compresión de una sonrisa tan gratuita, y gratuita porque uno sabe que nada esta a la altura del canje.

Y ahí esta todo lo cínico, algo tan gratuito que no tiene precio, pero por exceso, por magnificencia, por invaluable, y a la vez, nos roza. Y ahí también, esta toda la locura, y ahí si entiendo porque tanta furia y empeño en hundir el puñal. Ni un suspiro más.

Y no es suficiente, cuando esta cerrando los ojos, me mira, y no muere, me mira y me entiende, y entiende mi consuelo, y lo reconoce, intenta sanarlo. Y Dios como sonríe, y le suplico que muera, yo o ella, pero que termine.

Ni siquiera verme llorar mientras la mato, le saca un enojo. No se inmuto ante la crueldad más grande. Hasta parece que sigue bailando, ni cuenta da de todo el cuchillo en su pecho.

Sola, sigue Sonriendo.

No dejo de preguntarme que hubiese respondido, si le hubiese preguntado su nombre. Tan ciego estaba. Todavía me descubro sentado en la cama gritándole, implorándole que me mate. Como va a pretender que después de mirarme y mirarme, me haya mirado y nada mas. En que lógica sino en la de la Inocencia se mueve lo sublime.

Hice bien. No podía permitirle, seguir asesinando. Tal vez por eso sonrió, tal vez por un segundo reconoció que no era más que lo mismo que yo. Pero mil veces mas efectiva; jamás yo lograría matarte y dejarte parado ahí viéndome vivir, y bailar, bailar y que el calor del Infierno pierda comparación, sonreír y que morir en una hoguera ardiendo sea tan frió. Y que hasta el Sol, buscara abrigo en sus piernas.

Cuando se experimenta la belleza como razón de la muerte, muchas de las cosas del mundo pierden su encanto. La perfección se devalúa a pasos agigantados. La estética se desmorona. El ruido oculto desaparece. El silencio pierde su atractivo. La mujer gana el encanto de una serpiente, un reptil. La belleza, sin más, se escinde para siempre de lo bueno. Y entonces la pregunta que queda, es ¿qué queda? Desorden y coraje.

Subrepticiamente cambia el plan del día, su orden lógico e inalterable se vuelve refutable. Tan solo queda un asesinato por cometer. El hombre debe morir.

El sentido debe ser restituido desde un perfecto desorden. Mi tarea, mi razón de ser, mi función en este mundo se extingue, se vuelve superflua e innecesaria. Su contradicción estalla y se vuelve una obviedad. No es que halla descubierto el sinsentido de todos mis asesinatos, por el contrario he descubierto el azar de ese sentido que yo encontraba, aquellas palabras tan reconfortantes, suenan ahora a una grotesca burla: “el mundo debe ser restituido a su orden”. La muerte del Padre y de la niña habría bastado para restituir el orden del mundo, eran la máxima expresión de una tarea desempeñada con la precisión y la excelencia de la virtud, pero en mi interior no dejaba de atormentarme el haber perdido la razón de mi existencia. Entonces empecé a figurarme que la cuestión no era descubrir y llevar a termino el Sentido de un practica y por tanto de un mundo, si no el de alterar constantemente la practica y el mundo, para que el sentido vaya transformándose, eterna y constantemente, para no llegar a ser nunca un sentido completo. Por supuesto que llegado tal punto, pensé en mi muerte, en mi muerte como anulación de toda una serie de acciones orientadas hacia ese sentido único y perfecto que yo creía encontrar en el asesinato de cada persona, buscando traer orden al mundo. Pero la banalidad y trivialidad de esa salida me producía asco. Y si bien la belleza estaba destruida, el gusto de mi estomago seguía intacto, y cada vez que pensaba en el suicidio, este se retorcía y juzgaba horrenda tal idea.

Abandone el hastía de mi cama y salí al mundo con la esperanza de encontrar algo, algo que se pareciera lo mas posible a la muerte.

martes, 17 de agosto de 2010

Conocer gente para descubrirse a uno mismo.

En Praga revivi. la palabra es justo esa. Deje los altibajos, pude tener esas ansiosas situaciones inhóspitas que alimentan el alma de un aventurero. Dice Heidegger que "hay que estar abierto al llamado del ser", yo estoy abierto al llamado de lo inesperado. Porque la condición misma de lo inesperado es que nosotros no podemos ejercer ningún control sobre ello, ¿Como conseguir entonces eso que escapa a nuestras manos y voluntad, y que esta en lo mas intimo de nuestros deseos? El destino camina en la misma calle que nosotros, solo hay que saber a quien preguntarle la hora. El resto va de suyo; basta solo un constante principio a aprender: saber llevar el alma en los ojos. La transparencia es el mejor remedio contra el miedo al otro. Lo cual no deja de ser una gran paradoja, porque es frente a lo mas gratuito contra lo que mas se desconfía. Es un tanto absurdo, pero la ingenuidad es la llave de toda historia, de toda persona; la gente no quiere mentir, sólo quiere ser escuchada, creída. El completamente desconocida, el que tiene todas las buenas razones para dudar, es el que puede otorgar la mayor credibilidad, la mas ansiada, ¿La mas honesta? Si.
A partir de hoy creo en la palabra de todos mis interlocutores, ¡porqué no hacerlo!. Y es que tal vez, a lo mejor, no obligará, incentivará esa ingenuidad, esa transparencia a la verdad del otro? Yo creo que si. ¿No es esta la condición mas rudimentaria, mas básica y primera de la política?
Creer en el otro, ¿no es la primera y única forma de relación humana?

Nuestra última cena



No termino de decidirme. Pero que algo representa estar escribiendo en una servilleta, eso es seguro. Dos opciones, o un acto de extrema desesperación y soledad o de comunicación total con el resto de todo lo vivo en la tierra. Lo primera seria la necesidad irrefrenable de exteriorizar la conversación, intentar algo distinto a la harta comunicación unipersonal, cerebral, interna y silenciosa.

Sentar la tinta sobre el papel y ver comenzar la metamorfosis.

Poner ojos por puntos Y lenguas por acentos.
Un arqueo corporal y una mirada al suelo
en lugar de tres signos de interrogación.
Una mano en el mentón, unos dedos apurados
en un cigarrillo buscando ganar unos segundos, en lugar
de un signo de interrogación.
Un golpe seco en la mesa por un punto y aparte.

El intento desesperado de hacer real, realmente real, eso de que a través del lenguaje damos existencia a la realidad. Tal vez proferirlo suma ontológicamente: “Dos copas por favor, estoy esperando a alguien”. (No funciona).

O será la otra posibilidad, la comunicación total, la imposibilidad de decir algo que no sea ya, tuyo o de todos. Saber que en realidad nunca se habla solo, como si ver el reflejo de mi lapicera azul (lo que daría porque fuera negra) en los ojos de ella, sentada a dos mesas, siguiendo atenta y prolijamente los movimientos de mi mano, casi corrigiendo cada una de las palabras, no fuera comunicación suficiente para engendrar el mas trascendental amor. Como si mi tos no bastara, en su seca y sonora reiteración, para suscitar una risa o una pena, un sentimiento maternal de cuidado. O más sencillo y más complejo, como si mi mano ahuyentando una mosca no fuera la única y más concreta razón de una brisa que apaga un último fósforo, a las orillas (tal vez al otro lado) del Canal de Odra.

…

No, definitivamente no estoy hablando solo. Estoy comunicado con todo. Tan sólo me basta escuchar, percibir, intuir sus respuestas. Ahora que vuelvo hecho lenguas nuevas, caricias nuevas, mil soles y lunas nuevas, ahora que soy parte de todo lo que fluye, de todo lo que se contrae y se extingue y también de todo lo que renace y florece, ahora que siento todo, que sigo intentando sentir mas, percibir mas, comprender mas, ahora que a la comprensión del sentido extramoral de la verdad y la mentira pude completarla con la comprensión del sentido extraestetico de lo lindo y lo feo… Ahora que ya no soy mas yo, si no esté... ¿cómo alcanzar la comprensión? ¿De que forma expresar, comunicar, lo que deberían ya saber, ya sentir, ya entender? ¿Cómo transmitir una vivencia?

miércoles, 28 de julio de 2010

Hoy despues de muchos dias de agonia alternada con olvido, ignorada con esfuerzo, empujada a lo profundo sin lograr desvanecerla ni aplcarla encontre la paz. De la misma manera que la encuentro siempre, paz en forma de palabras, de compania, de identifcarse con ellas. La paz de saber que alguien mas estuvo ahi. Su resultado no lo se, el mio fue la derrota. Contundente y continua derrota. No obstante estas palabras confesionales me revelaron mi suerte, el signo, la clave de lo sucedido, y eso basta por ahora parar cerrar un dificil herida, una herida primerisa; por que a traves de ella puedo decirte lo que antes no comprendia. Tal vez si vos tambien lo comprendieras podriamos tender un puente de hilo entre el abismo que nos desencuentra.
En fin, esas palabras son estas:

"I can give you my loneliness, my
darkness, the hunger of my heart;
Im traing to breibe you with
uncertainty, with danger, with defeat"

(Sera que me enamore demasiado rapido, que mis besos y caricias no habian conjurado todavia el encanto, no tanto como para abrirte a mis miserias, a mis transparencias)

miércoles, 14 de julio de 2010

Metamorfosis

¿Cuantos hombres caben en un Hombre? ¿Cuantos yo se pueden crear, retener, recordar, reiterar, construir, olvidar y reencontrar?

Desconozco el actual designio que me impide terminar los libros. De las aproximadas mil paginas de "2666" llegue hasta la numero 852. De las aproximadas trecientas paginas de "La Broma", llegue a la 229. De "Sobre la ventura", las paginas 149 a 201. De "La regíon mas trasparente", las 2 primeras paginas y nada mas. Los tres primeros abandonos fueron involuntarios. Imposibles de evitar.

Hace mucho que no escribo, si pienso mucho, pero creo que es tan inverosimil o fluctuante lo que pienso que de ponerlo en un papel se borraria. He perdido la claridad que nunca tuve y que me permitia desgranar situaciones, sensanciones, personas y mundos en palabras y versos y parrafos. No sólo he perdido la claridad para escribir, peor aun, he perdido la claridad para sentir.


He practicamente abandonado la filosofia. Hace mucho que no pienso "en filosofia". Antes todo tenia un punto de contacto con ella. Ni fuerte ni instanteneo, pero lo tenia, natural, fluido. Pensar en la incomensurabilidad de los lenguajes era lo primero que venia a mi mente al escuchar una palabra desconocida, un idioma nuevo. Perderse en una ciudad y volver al mismo punto, me remitia instantaneamente al flaneur de Benjamin o al eterno retorno de Nietzsche (solo por las imagenes).

Todo esta contradictoriamente mezclado y a la vez separado. Ni siquiera creo ser yo el punto de contacto entre todos los otros yo. A cada rato se crea uno nuevo, y luego otro. Y tampoco puedo saber, aunque lo intuyo, si hay alguna determinante, alguna regularidad que guie las respectivas apariciones y desapariciones. No se si hay un por ciudad, uno por experiencia, uno de noche y uno de dia. Por cada nuevo par de ojos que interroga hay un nuevo yo que responde.

martes, 13 de julio de 2010

Amor no Correspondido.

(A veces la poesía no tiene porque ser poética, ni metafórica, ni sugerente, ni estéticamente armónica, bella, atractiva, atrapante, deslumbrante. No tiene porque ser reveladora o misteriosa. A veces simplemente puede ser real y visceral).

1

No hay nada peor que enamorarse de una mujer desconocida. Pues, para aceptarlo, solo basta con sentirlo, el resto poco importa. Pero para negarlo, para olvidarlo, hacen falta los defectos, las peleas, las traiciones, el hastió, las mentiras, la repetición, la cotidianidad, la ausencia, los errores, los hartazgos, con un desconocido todo eso nunca esta.

2

Forzado, insostenible, incontrolable y dilatado.
Forzado, variado, explicado y transformado.
Forzado nuevamente, reinventado, decorado,
adornado, coloreado y disfrazado.
Forzado una vez mas, profundizado, sincerado,
voluntario o inconsciente.
Forzado otra vez más, destruido, lastimados.

3

En una línea, en cuatro palabras, en media expresión... se puede ir todo al carajo.
Están ellos, los que creen cuando hay amor entre dos personas, cuando están destinados a estar juntos nada puede impedirlo.
Al margen de ellos, están, estamos, los que creen que el amor es una serie de coincidencias, casualidades y azares, una formula indescifrable, una conexión infinitamente débil que puede destruirse por completo en cuestión de dos palabras, una mirada o un sencillo e insignificante gesto.
Bien, en las ultimas dos semanas me he dedicado sistemáticamente ha destruir un amor incipiente, ¿Como? pues haciendo nada. Simplemente siendo presa del infortunio, de las invitaciones en el momento equivocado, de las palabras equivocadas, de los medios equivocados, en fin, incomunicaciones. Si así de sencillo, y a tomar por culo con las trascendentalidades de los jodidos cojones.
"El Amor" ese sentimiento que todo lo puede, ese gran dador de sentido a la vida de las personas, ese principio de razón suficiente, es una jodida contingencia, frágil, frugal, fugaz. El más perfecto de los hijos del azar y la incomprensión.
Y sea el hombre que sea, la voluntad que sea, jamás se puede encausar, controlar ni asegurar.

La más fuerte y duradera de las emociones tiene el más débil e incierto comienzo. Y nada se puede hacer con ello. El resto "me vale madre", salud!

4

Un beso dulce siembra tierra amorosa
Un beso amargo cosecha dudas.
Una lagrima riega el campo donde
florecen cardos. Una cachetada
azota los frutos que se apresuran veloces y
filosos contra la tierra que los parió.

5

A veces no hay nada que hacer. A veces todo gesto
toda palabra, todo intento es simplemente inútil.
A veces el amor pierde.

lunes, 5 de julio de 2010

La contradicción de conocerte

Recuerdo el sentimiento de

Haber quedado prendido,

preñado por los Ojos y los poros,

recubierto por una segunda piel.

Flotando, holgado, como

Una carne y una piel desnudas.

lunes, 14 de junio de 2010

Yo y la Moral

He llegado al
fondo mas profundo
de mí mismo. Y me
he horrorizado al ver
allí que aún había
más fondo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Contradicciones entre la teoría y la practica

¿Se podría alcanzar el "ascetismo de las mujeres"? ¿Debería ser una virtud poder abstenerse de la turbulencia de los sentimientos?

En otras palabras encontrar la paz. O mejor aun, encontrar respuesta a la pregunta por la paz ¿se puede tener paz en soledad? ¿Porque la soledad no puede dejar de tener esa connotación peyorativa, ese matiz de tristeza? ¿Porque la soledad tiene la imagen del vacio? ¿Porque no basta la compañía de uno mismo? ¿Porque el deseo es carencia?

Alcanzar una forma de soledad sin carencia.

¿Porque la compañía es satisfacción de deseo, de carencia? ¿Porque no elegir todo?

¡Quiero todo, todas las contradicciones positivas en mi pecho! La soledad sin vacio, el deseo saciable capaz de renovarse en todo momento, la felicidad superficial, la paz profunda, el amor eterno, el amor efímero, el amor sin sexo y el sexo sin amor. La libertad sin decisión. La contingencia sin azar. Una cuadra de la mano y una en soledad, y la otra abrazado en grupo. Orgias en la noche y amaneceres individuales. Besos tiernos, infinitamente tiernos acompañados de miradas llenas de amor; y besos ajenos, extraños y miradas desconocidas que no quieran nada que no entreguen nada.

Todo el conocimiento sin el poder y la responsabilidad. Toda la transformación, toda la superación, toda la utopía del mundo sin la necesidad de destruirlo previamente.

¿Se podría alcanzar el ascetismo por pura “colmación”, por constante consumación de todo?


jueves, 15 de abril de 2010

Retrato de _________ por Salvador Dali


Lo primero: la fragmentación. Múltiples partículas que la componen pero no la agotan. Cada una completa en su forma color y tamaño para formar uno de sus tantos rostros posibles. En la comisura de los labios se superponen infinitamente una sobre otra las formas: un sólo beso partido en mil partes, en mil bocas.
En las esferas de los rulos es donde mas se expresa la sospecha, la ambigüedad, el secreto. Algunas líneas sugieren libertad, en otras esferas todo esta cubierto de color oscuro, de rayas: sus rayes. Contradicción o convivencia de los aspectos de su mente, capacidad artística y opacidad personal; fugacidad e intensidad.
En el torso cada partícula esta en distorsión, en movimiento y marcando su estela. Es que en el pecho ella lleva marcas, el paso de sus emociones, sus dolores, sus decepciones e incomprensiones, sus arrebatos de amor, de locura, de suicidio; el paso de cada persona, de un lugar, una letra, una imagen, o una imagen con sonido.
En el entorno, una esfera a cada lado en perfecta combinación del sol y luna, o que bien podría ser cualquier Astro, pero un astro al fin. Es la coronación de la primera unión con el universo, es parte de ella pero a su vez separada. Es y no es, esa es la dialéctica de toda la pintura, de todo su ser.
Cada partícula es ella y es además ella en sus mil rostros, y en sus tonos oscuros y claros, la armonía separada y junta con todo lo que la rodea, universo y naturaleza.
Al final, unas partículas, unas esferas descascaradas, partidas, erróneas...acaso un defecto.

viernes, 2 de abril de 2010

Never Again

Love is a momentary fiction , can last a day like a year and have exactly the same intensity. You can "fall in love for life" of a woman that you meet tonight and you know tomorrow you are going to forget than the love with which until 5 years ago and believe it is for a lifetime. Why? For all, because humans are too imperfect, vanal, ephemeral, changeable until infinity, unable to be transparent and above all ... mortal. This does not mean there are not to fall in love, you can do but only having consciousness every second that all is a fiction and that tomorrow will end, and it never existed.
There is no illusion, contradiction bigger, something more alien to the man that "Love", with capital letters. Learning to live with it every day, is the only way to love freely: loving one moment and nothing more than one, and never promise more than that time, the duration of the kiss, the embrace that caress and nothing more.
The man of this century is on its way to that, started badly, began by debauchery, but between mediocrity and the illusion of "love for life," is a step forward, now needed to convert the temporary sex, in temporary love ... for that momentary still have a long way to the men around the world. Those in our country even more.

I'll never give my heart, my soul, my whole body rather than in the transience of the moment in which it is impossible to appropriate it, want to hold for more than the duration of a kiss.

jueves, 25 de marzo de 2010

Un lugar cualquiera

I- La noche-mañana.

Entre las ocho y las doce de la mañana es de noche y si no fuera por el peso de los libros en el bolso no podría distinguir si voy a un bar o a la universidad. El humor de la mañana es incierto hasta el saludo de Paco que tiene un efecto de alegría inmenso en mí. El resto del trayecto continúa con esa emoción. El 14 no tarda nunca, y cuando tarda el 32 lo reemplaza con la misma fidelidad que una página sigue a la otra. Hasta tomar el tren hay dos golpes concretos y cortos de frio. El primero al salir del edificio, este no es el mas terrible, todavía se conserva el calor del café y el saludo de Paco esta en su punto mas álgido de transmisión de alegría. El segundo son los dos o tres metros que separan la parada del bus del Metro estación: Atocha Renfe. Las quince cuadras en el colectivo ya lograron que un poco del frio helado de Europa se meta por el sobretodo y empiece a despabilarte. En el colectivo se ven tan sólo unas caras jóvenes y el resto, sexagenarios abrigados a la perfección con destinos imposibles de adivinar. La mayoría lee. Son a penas tres pasos desde el mismísimo escalón del bus hasta la escalera del Metro, pero el frio que empuja para adentro y las personas atolondradas, como animales recién sueltos, por salir a la calle que empujan para afuera, generan un choque, justamente, helado. Una vez adentro del túnel del Metro, el segundo golpe de frio y la oscuridad mayor o la artificialidad de luz, vuelven a dar fuerza a la idea de todavía es de noche, muy de noche. En ese entorno el saludo diario del hombre que toca la flauta sentado en el piso contra la pared del pasillo es fundamental para no perder el sentido de la orientación. Cada día me convenzo mas de que soy el único que responde a su “Buenos días”, aunque por el frio y ser las primeras palabras del día, dudo que escuche mis “buenos días” entre dientes y casi dicho para adentro. Al final del pasillo de unos 100 metros adornado con tiendas varias, tanto de electrónica como de ropa, se dobla a la izquierda y de ahí, dos escaleras mecánicas hasta llegar a la plataforma. Ya desde la primera se pueden ver los avisos: Vía 5 “Alcobendas S.S. de los Reyes”, o Vía 6 “Colmenar V.” (que como resultara obvio para los locales significa “colmenar viejo” y no “colmenar quinto”). Si las letras están en naranja se puede bajar al ritmo de la escalera, si las letras en cambio van en rojo hay que correr. Cosa que rara vez hago, ya que si no es en la vía 5 o en la 6, se que mas de cinco minutos no voy a esperar otro tren que en su destino incluya parada en Canto blanco, precedida por Fuencarral, Chamartín, Nuevos Ministerios, Sol y Atocha, donde yo subo. En el tren se puede leer ADN, ACB, 20M, o cualquier otro de los periódicos gratuitos que abundan en los asientos. A parte de leerlo, los más desinteresados del resto de las miradas lo usan para evitar el frio del asiento, es decir, se sientan en el. Yo prefiero esperar hasta el ejemplar gratuito de “El País” que me espera en el pasillo de la universidad, y que a mucho placer voy a leer entre café y café en el bar, o en el pasillo, en una escalera o en la biblioteca, y a veces en todos los lugares puesto que muchas veces hay más de un café. Los miércoles, por ejemplo, uno entre las 10 y las 10.30, otro entre las 14 y las 15, y uno más a las 17.35.

Pero volviendo al tren, como decía, mi lectura en el tren de la mañana la ocupa novelas, la mayor parte de las veces, y las menos, algún libro de filosofía. La última novela le corresponde a Bolaño, y se le suma un libro que nunca termino de comenzar de leer de cuentos cortos de Juan Benet; los de filosofía varían entre las Meditaciones Cartesianas de Husserl, o La seducción de la cultura alemana de Lepenies, también podría ser El miedo a los barbaros de Todorov o en las antípodas del género España Invertebrada de Gasset.

Los muchos metros de profundidad de la estación Atocha y los muchos túneles por los que corre el tren es lo que más contribuye al efecto de “nocturnes” de todas mis mañanas. Las caras de las personas entre ojerosas y despabiladas bien podría significar el comienzo de la noche como el comienzo de la mañana. En mi casa particular no significan nada, ya que me acompañan tanto de noche como de día, según la fortuna con la que decida aparecer el sueño a la hora que aparezca. Ahí voy yo entonces con ojeras de trasnochado o de amanecido, sumergiéndome en el libro hasta olvidarme del ruido y las personas y la oscuridad, hasta el punto de mezclar la realidad del tren y de la mañana-noche con la del libro, con lo cual mi tren bien puede salir de Madrid, pasar por la estación St. Paul o por Juramento, para finalizar el recorrido en Hyde Park. Todo esto sucede con una realidad tal que si en la pagina 211 se describe una mañana soleada y calurosa, bien puedo empezar a tener calor y aflojarme la bufanda. Por el contrario si en la pagina 142 Manuel Espinoza camina por las calles de Barcelona en una noche invernal, siento como se redobla y ahínca con mas profundidad el frio matutino de Madrid en mi garganta. Pero todo la seudo-irrealidad novelística que ficciona mi hiperrealidad tiene un final. Entre las estaciones Atocha, Sol y Nuevos Ministerios, no hay mayor distancia que unos 2 o 3 minutos, todo bajo subterráneo oscuro oscurísimo, pero entre Nuevos Ministerios y Chamartín sucede algo maravilloso: entre el desconcierto de la rutina novedosa, de las luces y los ruidos extraños, de las palabras desconocidas y los acentos inciertos, del movimiento sigiloso del tren por las vías, de los paisajes en proceso de familiarización, entre los 30 segundos que me detengo a acomodar el sobretodo de manera tal que no toque el piso pero que tampoco moleste sobre las piernas, entre las 12 paginas que llevo leídas desde que comenzó ese viaje diario, la sensación es una sola en constante profundización. El asiento del vagón se asemeja cada vez mas a un banco de plaza, o a una silla de café, y el aire se asemeja mas al de cualquier calle y cualquier parque en cualquier parte de México, y cuando uno acaba por hundirse en esa sensación de desvanecimiento del entorno, como si quedara sólo el libro y la conciencia del trayecto a la facultad leyendo el libro, se produce la fractura. Se termina el túnel y entra una luz enceguecedora imposible de describir en imágenes, baste con decir que se puede escuchar el ruido de los ojos que hacen fuerza tratando de cerrarse a la luz. El enceguecimiento viene acompañado unos segundos antes por un incremento de la velocidad del tren que empieza el trayecto hacia las afueras de la ciudad. Por tanto la sensación es doble, por un lado en el cuerpo y por el otro en la percepción del entorno. En ese momento que dura tan solo una fracción de segundo, la noche-mañana se destruye por completo, y en su lugar aparece un no-lugar. Un campo verde y amarillo extensísimo en el medio, a un lado, una ciudad modernosa y edificante llena de luces, al otro, una montaña impasible, nevada y soleada; en ese segundo anterior a que el sol llene el vagón e ilumine a la gente y los diarios y los portafolios, y las caras de existencia laboral ajetreada y de preocupación familiar y de responsabilidad estudiantil y de etc., en ese según uno siente que puede estar en cualquier parte del mundo, la próxima estación, realmente puede ser Frankfurt.

Las mañanas son una fantasía. Un andar noctambulo, de la consistencia de un sueño, leve, poco densa, que se esfuma al agitar la mano y un despertar brusco, fuera del tiempo y el espacio que te revive y sitúa en una ciudad del mundo completamente nueva todos los días. El hiper-sueño y la hiper-realidad, tienen lugar, ni más ni menos, que entre Nuevos Ministerios y Chamartín, a la salida del túnel.

lunes, 22 de marzo de 2010

Con o sin tu permiso

Nunca te lo voy a decir
y jamas lo vas a saber.
Seria incapaz de mirarte a los ojos
y revelartelo. Ni en sueños me permitiría volver a besarte.
Y aunque explote por dentro y
me reviente el alma y el corazón y
cada puta partícula capaz de sentir en mi cuerpo
no me permitiría decirte que
hoy (tal vez mañana también) voy amarte toda la vida.

martes, 16 de marzo de 2010

Postales II

¿Cómo es ver un atardecer en el punto más alto de la ciudad más hermosa en la que estuviste hoy? Es naranja en el cielo, es violeta reflejado en los azulejos de más de cien cúpulas. Es transparente y a la vez multicolor en los vitros de las muchas ventanas del Mercado más antiguo de Europa.

Es demoledor en el sonido de una campana gigante a las espaldas y al frente, y a los costados como si se estuvieras adentro, cuando justamente lo estas.
Es de olor a barro, a polvo desprendido de casas y murallas que resisten el paso de los siglos sólo para producir un placer inhóspito en nosotros. Es un olor que se esparce por toda la ciudad levitando sobre la superficie, porque abajo a la sazón del contraste huele a paellas tipicas de pollo y conejo o de verduras.
Huele espíritu santo pero de tez morena, marroquí, árabe. Olor a metal corroído de artes olvidadas, olor a numismática y a saliva de filatelia.

Por ultimo se siente helado, viento portuario del mediterráneo, frio mortal en los dedos que sostienen el lápiz. Y adentro un calor abrumador que bien puede ser por el último rayo de sol que ya se puso o el calor de una invitación única por su generosidad anónima y gratuita que te espera con comida calienten… o tal vez un “joder” que se escucha a lo lejos y te dibuja una mueca de sonrisa. Calor del tributo humilde de palabras a un paisaje cálido hasta el infinito de una ciudad que te devuelve la misma sensación con que vos la miras.














Desde acá
escribía,
desde atrás
del Sol sentía.

viernes, 5 de marzo de 2010

Arrojado al Mundo

Cerca del 17 de diciembre ella se lo juro por primera vez y él le creyó como nunca antes le había creído a alguien, ni pensó que le creería. Lejos de una frase trillada, su afirmación tenía un absoluto y perfecto sistema de verdades que la sustentaba. Una concepción de la felicidad, de la mujer, de la pasión, de la necesidad y el sexo, del erotismo y del amor. Toda una forma de ver el mundo, de sentir la realidad, de comprender al ser humano, que maravillosamente se ensamblaba con la suya. Así como para él, la ética era condición de la estética (jamás al revés) esa metafísica era imprescindible, era condición de posibilidad del Amor tal como el lo había figurado en sueños.
Más de un año después, a miles de kilómetros de ese pasado incierto, traba de mirar a María a los ojos. Pero una y otra vez desviaba la mirada y se atragantaba con las palabras.
Después de días de hacer el mismo recorrido por el parque, tomados de la mano, se despedía con un beso tímido, mas bien temeroso, prometía llamarla pronto y se marchaba, maldiciéndose todo el camino de vuelta.
Un viernes, la vida le escupió a la cara, seco y violento. Mientras volvía de un día colmado de pasiones encontradas, de emociones fuerte e ideas convincentes, mientras veía llover por la ventana (porque efectivamente llovía) lo entendió. Él nunca se había dejado engañar por una justificación sentimental sobre la fidelidad, “yo te amo, jamás podría engañarte”, él sabia a la perfección que el amor y la fidelidad no tienen nada que ver. Pero que lo engañaran con una justificación racional era una tortura que no podía soportar. Creer que por su forma de entender y sentir el mundo, de pensarse y valorarse como mujer cumpliría aquella afirmación, había sido el acto de ingenuidad más atroz de todos. "Jamás te engañaría, el día que necesite algo de otro hombre, el día que vos no me puedas hacer mas feliz… ese día, te voy a dejar", una y otra vez se repetía esa frase, que había sido para él, la fuente de la mayor seguridad, la corroboración de que su amor, el amor de ellos, no naufragaba por las aguas turbias y cambiantes de la pasión y el deseo. Su amor, que era puro deseo y pasión, estaba a resguardo de lo efímero, de lo cambiante, de la tentación de otro cuerpo, sólo porque el amor de ellos era de otro mundo: el de los pensamientos sentidos, el de los actos justificados, el de las razones, y sobre ellos, se erigía el amor, la comprensión, las caricias, la libertad.
Por eso no se podía perdonar el error de haberle creído; no por el error en si mismo, sino porque a través de el caía en la cuenta de su mayor error, su mas grande y trascendental error, uno sobre todo lo que el creía saber y pensar del mundo: creer que como no se puede confiar en los sentimientos, si se podía en aquellas emociones que tuvieses un trasfondo, una justificación racional.

Destruida esa creencia se encontraba nuevamente, o por primera vez arrojado a otro mundo, uno donde amar dolería, donde amar seria incertidumbre y no seguridad, donde controlar los sentimientos, como siempre había hecho, seria sencillamente imposible.

lunes, 1 de marzo de 2010

Humanizar

Banalizar toda emoción.
Nunca más esperar
Jamás volver a extrañar.
Insultar el amor.

Colmarse de paisajes
ausentes de personas.
Deshumanizar la naturaleza
hasta hartarse de la belleza
de toda hoja y lago y flor.

No ser una letra ni una palabra.
No un signo, un ruido, una imagen.
Ni siquiera una proyección semántica.

Destruir la ilusión de la
cuarta reencarnación Budista
Llevar la sospecha hasta
contra la ausencia.

Revelarse contra la intuición
del Tiempo y el Espacio.
Asediar el contenido y la forma.

Devolver la realidad de
polvo gris que siempre
le correspondió a la Luna.
Ni un destello más de luz.

Igualar el cuerpo y la sombra
en su irrealidad. Y enterrarlos
junto a la ficción del "alma".

Matar al Oráculo y a Prometeo.
Revelar el disfraz de la Muerte.
Desenterrar los huesos de Dios.

Degradar lo autentico.
Depravar lo esencial.
Disolver lo único en lo común.
Envilecer lo verdadero.

Ajusticiar al humano
hasta que se digne a
a reconocerse.

sábado, 27 de febrero de 2010

Palabras en el Padro

Rubens, “Ganimedes”

Para mi ese rapto, no significa otra cosa, mas que el destino del amor derrotado por la naturaleza.

Claudio de Lorena “Santa María de Cervello”

No sólo en la Iglesia
los lugares de adoración están sumidos en la oscuridad.


José de Ribera “San Sebastián” 1636

Abajo "El San Sebastián mártir", la imagen de la ruptura existencial de uno de los personajes de Mishima (o de él mismo).

Arriba "San Sebastián" de Ribera., para mi, la imagen que conecto el viaje literal mas profundo, el de Kiyoaki, a la viva y real impresión de la carne atravesada, de la imagen en su máxima realidad. La conjunción entre las artes.
"La carne humana interpretada en clave religiosa"
.

Hans Baldung Grien (alemán) en el retrato de “Las edades y la muerte”, la juventud y la vejez tienen la misma expresión, como si el tiempo no alterara los ánimos, las sensaciones; parece que el devenir del tiempo esta atado sólo a la corrupción del cuerpo.

Manuel Rodríguez “La muerte de Seneca”

El brazo cuelga fuera de la pintura.

A. Muños Degrai “Recuerdos de granada”

El detalle del farol perdido en toda la inmensidad

de la ciudad, basta para comprender el

sentimiento de melancolía que evocan

las nubes, las calles mojadas,

la soledad y la ciudad desierta.

A. Muños Degrain “Los amantes de Teruel”

Uno quiere acercarse a juntar las flores y ponerlas en su lugar, tal es la impresión de relieve.



martes, 23 de febrero de 2010

Viajar

¿Qué es extrañar?, ¿Qué es aprovechar la vida?, ¿Qué es la experiencia?, ¿Cómo se construye la personalidad, mas aún, como se la transforma?, ¿Cómo se distingue la necesidad de una cara conocida de extrañar?, ¿Quién es un amigo?
¿Se puede medir el tiempo en utilidad? ¿Se debe? ¿Qué es mirar, qué es ver, es lo mismo que conocer? ¿Qué es una construcción sin las personas que la hicieron? ¿Cómo saber que representa? ¿Se puede sentir a través de los milenios? ¿Qué se busca cuando se intenta conmover por el sólo hecho de conmover?... ¿Qué es aprender?

Para responder hago el complejo esfuerzo de disociar. Disociar extrañar de amar-compartir, amistad de compartir-amar, vivir de viajar, cambiar de transformar, el tiempo de caminar, mirar de recordar de fotografiar, conocer de comprender, sentir de impresionarse.

Mi cuerpo-mente no vive a través de la filosofía, ya es ella. Es inevitable. Por eso no puedo querer conquistar la experiencia-objeto, la ciudad-objeto, la costumbre-objeto. No puedo querer gobernar y comprender ni las sensaciones ni los sentimientos, no tiene sentido; y tal vez esa sea la mayor consecuencia de la distancia: la pérdida de sentido. Qué sentido tiene preguntarse por la continuidad de un amor. Qué sentido tiene querer tener un amigo al lado en un momento especial. Qué sentido tiene una comida casera. Ninguno.

Arrancarse de un suelo e irse a vivir a un océano de distancia, tiene una sola consecuencia a través de la cual se vive el resto. El encuentro con uno mismo. Ese encuentro es harto difícil. Para el hay que desnudarse por completo, desprenderse de todo, lo cual es imposible, pero necesario intentarlo. Salirse de la lógica-turista, de la lógica-nativa y de la lógica-ajena. Ni mimetizarse con el lugar, ni mirarlo desde la exterioridad absoluta. Encontrar ese intermedio es el encuentro con uno mismo. ¿Por qué sentirse mas conmovido por el Museo del Prado que por el “Abrígate muchacho. Hasta logo” del portero Paco? ¿Por qué lo que perdura es más valioso que lo efímero?¿Por qué estudiar acá no tiene sentido y allá si? ¿Por qué acá ver un parque es maravilloso y allá no?
Caminar una montaña nevada es maravilloso. Pero qué lo hace maravilloso, lo nuevo del paisaje, los colores, el silencio… o poder darse cuenta que en ese desierto de montañas blancas una pareja construye una cotidianeidad, una vida, un matrimonio y una familia sólo de la conversación, de la compañía, del alejamiento. ¿Cuál es la maravilla que a uno debería sorprenderlo, conmoverlo?

Hasta hoy, lo que más me ha sorprendido, es la vida que se tiene que llevar para llegar hasta acá. Ahí esta la experiencia, la vida, lo maravilloso. Viajar, no te la oportunidad de empezar de cero, de convertirse en otra persona (en un sentido radical), mas bien te la oportunidad de poner a prueba todo lo que uno es, lo que fue, lo que hizo y como lo hizo.
Estar sentado en el balcón, escribiendo, pensando, sintiendo la aventura de escribirme, pensarme y sentirme, eso es viajar. Es corroborar como el cuerpo se amolda a los golpes, a las incertidumbres, a las elecciones que implica abrirse, desnudarse a cualquier experiencia.
Decidir estudiar filosofía fue mi primer viaje trasatlántico, elegir decir “te amo” todos los días por un año fue mi primer viaje sideral, elegir decirte “amigo” fue mi primer viaje atemporal, intempestivo, eterno. Volver a elegir todo eso en otra parte cualquiera del mundo, ese viaje quiero hacer.

(Todas estas palabras están sujetas a refutación por quien las escribe)