martes, 1 de febrero de 2011

El Último Hombre Hedonista

A través de esta nota pude descubrir el porque de mi adicción al café fuerte. Y por fuerte me refiero a realmente fuerte, el triple de lo que en un bar se conoce como “café fuerte”. Si cualquiera de los lectores logra descubrir lo mismo respecto de cualquier otra sustancia, entonces el fin de esta nota esta logrado. Veamos como se da ese descubrimiento.

La idea central es (por favor no se asuste y dele tiempo al argumento): todos somos unos drogadictos encubiertos. En la medida en que ese encubrimiento no sea develado la posibilidad de una sociedad sin adicciones resulta imposible.

Quien tiene la clave de ese secreto, por supuesto no soy yo, sino el genio inigualable de Slavoj Zizek, yo tan solo seré un comunicador de su palabra.

En la presentación del libro Placer y Bien, que Zizek titula “El goce como categoría política”, se encuentran una serie de reflexiones sobre el papel de la droga a modo de analogía para comprender cómo en el capitalismo de nuestros días la política “es más y más la política del goce”. Partiendo de este punto, el análisis de Zizek atraviesa la diferencia entre un Occidente liberal-tolerante y un Islam fundamentalista, diferenciados por el derecho de la mujer a la sexualidad libre, donde encontramos el “goce” como categoría, operando en el centro de esa diferencia, hasta llegar, a través del psicoanálisis Lacaniano, a la idea del “goce absoluto”, donde desaparece la dimensión del goce del Otro. Para entender un poco mejor este recorrido de Zizek, veamos como funciona la analogía o la metáfora, con las drogas.

Dice Zizek: Lo que las drogas prometen es un goce puramente autista, un goce al que se accede sin el rodeo a través del Otro (del orden simbólico). “sin el rodeo a través del otro”, significa un goce sin ninguna representación simbólica, esto es, un goce que ataca directamente nuestros centros neuronales de placer. La experiencia de la drogas abarca entonces, lo Real del goce (sin representaciones) y “la proliferación salvaje de fantasías” (del orden simbólico con representaciones); valgan como ejemplo los efectos alucinógenos de la droga, que según comentan, “hace ver”, formas alocadas, colores extraños, sensaciones indescriptibles, etc. No obstante, no hace falta llegar al extremo de las drogas que atacan directamente nuestros centros neuronales para encontrarnos con el funcionamiento del goce, no ya sin su representación simbólica, si no, peor aun, sin su cualidad sustancial.

Volvamos al plano de la realidad cotidiana donde encontramos, haciendo un pequeño paseo por el supermercado, ejemplos de esto último. La lista es la siguiente: café sin cafeína, crema sin grasa, cerveza sin alcohol. Y mas allá del supermercado, el sexo virtual como sexo sin sexo, y mas allá todavía, la realidad virtual como realidad sin Realidad, o (este es el punto al que quiere llegar Zizek) la doctrina de Colin Powell de guerra sin guerra, y por ultimo, la política como arte de la administración experta, como política sin política.

Llegado este punto se abre la pregunta que es la clave del encubrimiento: “¿No es ésta la actitud del Ultimo Hombre hedonista? Todo está permitido, uno puede gozar de todo, pero desprovisto de la sustancia que lo hace peligroso.” A todas luces se hace comprensible la afirmación del comienzo: todos somos drogadictos encubiertos. Todo esta permitido, todos consumimos todo desprovisto de la sustancia que lo hace peligroso, pero no obstante, lo consumimos. La frase no es redundante aunque lo parezca, tiene la clara intención de poner de relieve la acción, por que, quitado o no el peligro, el acto de consumir sigue estando, y en él radica todo el peligro de la adicción. Aquí la excusa de “estar desprovisto de lo que lo hace peligroso” deja de funcionar, y entonces, ingresamos al nivel del comportamiento social, y de cómo, ese último hombre hedonista, se vuelve parte de una Ultima Sociedad Adictiva. La combinación, hace explotar las esperanzas.

Claro que hay una detalle que hace distinta esta reflexión a cualquier otra “clásica” sobre drogadicción, puesto que los ejemplos usados por Zizek, como el dice, son de cosas permitidas sin sus sustancias peligrosas, ejemplos como el paco y la cocaína, no caerían bajo estas líneas.

Pero, acaso no es ese el lema de muchos de los consumidores de éxtasis, marihuana, cocaína, y porque no, pornografía también; qué “no es peligroso”, que “yo la controlo”. Cuan seguro estamos de qué adicciones son “sustancias peligrosas”, ¿la televisión lo es?, y ¿la internet?

Si nos situamos en el mismo plano de Zizek, y nos quitamos la mascara, reconociéndonos como ese Ultimo Hombre hedonista, estas nimiedades tal vez, como son el café sin cafeína o la cerveza sin alcohol, tienden hacia un horizonte mucho mas terrible. Repito, lo de unas líneas atrás, el goce absoluto, es el goce sin el Otro. Ese horizonte, atenta contra toda posibilidad de la política, contra toda posibilidad de vivir en una “realidad con realidad”, en una “realidad con Otro-s”.

La situación de gravedad que implica la droga en los niveles mas conocidos, como el paco en las villas, las llamadas drogas de diseño en las clases altas (pido perdón por estos lugares comunes y prejuiciosos, pero las mas de las veces son exactos para representar el imaginario social) o el trafico de drogas; no nos impide, preguntarnos por la situación de nuestra cotidianidad, por nuestra comprensión del placer y el goce, directamente ligados a la adicción.

Por que si no empezamos preguntándonos por eso, podríamos, como dice Zizek: ¿para que molestarnos con el café? ¡Inyectémonos cafeína directamente en nuestra sangre!

1 comentario:

  1. Es un lindo texto, no hace más que poner en evidencia el increíble estado de desarrollo del capitalismo, la última face: la cosificación de todo, la separación de la cosa y su sustancia.

    ResponderEliminar